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Lunes 10 de Enero de 1994 LA REPUBLICA 17A Opinión Tillere Los viejos CHISPORROTEOS LUIS PAULINO VARGAS SOLIS GASAS Después de leer ese libro de Clotilde Obregón que comenté en estos días: El Río San Juan en la Lucha de las Potencias. la amarga conclusión a que uno lle ga, es que la soberanía de Costa Rica, en aquellos do rados tiempos de Carrillo, Alfaro, Castro y Mora, fue bien precaria.
Nuestros tatarabuelos empeñados en construir un país, en armar una república. Las dos potencias: una dueña del mundo, la otra con ganas de ser dueña del hemisferio occidental, jugando con nosotros (y con Nicaragua por no hablar de los otros países centroa mericanos. como peones de un ajedrez mundial.
La sociedad de consumo en que estamos atrapados funciona sobre la base de una obsesión irrefrenable por lo nuevo.
Pero, por cierto, lo nuevo en su aspecto puramente externo. Esa enfermiza inclinación es parte del ciclo inacabable del consumo: la compulsión por la compra y, al instante, la obsolescencia de la mercancía comprada que empuja, obsesivamennte, a la compra de la nueva mercancía. La realidad del cambio es siempre superficial, pero, en pleno torbellino de manipulación, adquiere, sin embargo, aspectos sofisticados y con frecuencia alucinantes. Desde una simple modificación en la etiqueta de un envase, hasta alguna nove.
dad en la carroceria de un vehículo, apenas respaldadas por alguna mejora insignificante en su motor. Ya eso da suficiente pretexto para despilfarrar millones en una refinada y manipuladora campaña publicitaria, que empuja a masas enteras de consumidores a la adquisición aunque no la necesiten en absoluto de la novedad recién aparecida.
El cambio y lo nuevo son los lugares comunes del consumismo, tan falaces como la presunta felicidad que deriva del consumo. En realidad, inagotable frustración de los muchos atrapados en la obsesión por consumir lo que solamente pocos poseen. así como anulación de la individualidad de esos pocos, aplastados por la omnipresencia de lo material. Como hace 25 años tantos sufrían sin poder adquirir un cajón llamado televisor, y hoy muchos babean impotentes ante los pathfinder y mercedes último modelo. El asunto adquiere un estatuto mítico religioso; escapa a la voluntad humana, y más bien la gobierna. Desarrolla así un intrincado aparataje de símbolos y mitos. Uno de ellos es el de la juventud. no podía ser de otra forma; la obsesión por lo nuevo también vale para los seres humanos mercancía. Interesan los jóvenes, pero sobre todos los jóvenes bellos, físicamente casi perfectos (según los cánones del occidente opulento. Pero este es un culto enfermizo, por su carácter obsesivo y mercantilizado. Convertidos la juventud y la belleza fisica en mercancías símbolo, su opuesto la vejez y su supuesta fealdad fisica van al depósito de lo inservible.
La sociedad de consumo desprecia lo socialmente viejo y, más aún, desprecia a los viejos. Gobernada por una noción de cambio situado estrictamente al nivel de lo aparente, jamás podrá recuperar de lo viejo aquello positivo y perdurable. Simplemente lo desecha. Esa es una tendencia sistemática; de ahi la marginación y el maltrato a nuestros vie jos. Pero, sobre todo, de nuestros viejos del pueblo. Mujeres y hombres, trabajadores del campo o la ciudad campesinos, obreros, maestros. cuyo trabajo anónimo ha construido este país, y que con su humildad, su honestidad y buen corazón, le han dado a Costa Rica los valores más positivos de su nacionalidad.
En la actual crisis de valores, el problema no es el cambio en sí, puesto que los valores no son eternos. Lo grave es su signo totalmente regresivo. La cuestión es estructural en el pleno sentido del concepto; por ello no se resolverá con poner a arder las piras de la inquisición, como más de uno quisiera. Se destruyen los viejos valores, sin aprovechar la base positiva que ofrecen. Parte del asunto lo es el maltrato contra los viejos. Es acá poco importante la puerilidad acerca de la expe riencia desaprovechada. Sobre todo hay en ello un malagradecimiento imperdonable, y, en el fondo de todo, una inhumanidad que junto con la violencia contra los niños sinteLa República Jorge listiza con crudeza orientaciones dominantes en esta sociedad.
Formulo estas reflexiones a propósito de una actividad, realizada el 26 de diciembre pasado, que organizaron personas ligadas a la parroquia de mi Zarcero natal, en la que se homenajeó a las parejas del cantón, con más de 50 años de casados. Entre ellos Jorge y Odalía, mis dos viejos buenos como el pancon sus 52 años de matrimonio. Hay en esto un bello contraste y, sobre todo, la esperanza de que aún no todo esté perdido. En todas estas parejas se representan todos los demás viejos y vie jas de oro como Deisi, la tía más querida de los que en Zarcero aún queda un ramillete de lujo. Porque ellos, como nadie, se merecen todos los respetos. Por su trabajo de toda una vida. sobre todo porque, sin necesidad de más apelativos, son viejos honestos desde siempre y cristalinos como el agua más pura.
Que esto estuviese habitado por seres humanos que aspiraban a mejorar su destino, importaba poco.
Los hombres somos fichas. Lo importante era quién se hacía de la ruta interoceánica.
No habían todavía acuñado la expresión patio trasero. pero ya estaba vigente.
La lucha en estos dias no es por la ruta interoceá.
nica. La aviación ha disminuido muchísimo la importancia de las vías marítimas, aunque todavía los cargueros, los petroleros y los pesqueros surcan los mares. La lucha en estos días es por los mercados. Los mercados fueron la causa de la guerra de 1914, y la excusa de Hitler para provocar la de 1939. De alguna manera inevitable, los industriales nor teamericanos han venido perdiendo mercados en los últimos treinta o treinta y cinco años, a manos de los antiguos enemigos de la Segunda Guerra: Japón y Alemania son potencias industriales de gran calibre, que se han metido muy duro en el patio trasero.
Cuesta ver un vehículo norteamericano en nuestras calles, salvo que traiga un norteamericano al volante; cuesta ver un televisor norteamericano en nuestras casas; y así sucesivamente. El único mercado que parecen tener totalmente copado aquí nuestros parientes del norte es el del cine.
La ley del péndulo ARNOLDO MORA Los europeos se han defendido formando su Mer cado Común con recientes avances muy grandes (una de cuyas víctimas ha sido el banano costarricense. Japón de alguna manera tiene un amplio mercado en Asia e islas circunvecinas. La tercera gran po tencia industrial, los Estados Unidos, no tenían un coto privado de cacería, aunque siempre han conside rado que el patio trasero que está al sur del río Bravo les corresponde como mercado natural por derecho propio y por destino manifiesto.
Quienes profesionalmente nos hemos dedicado a enseñar y a cultivar con cierto rigor racional la historia del pensamiento o historia de las ideas, sabemos muy bien lo que significa la Ley del péndulo. Esta quiere decir que, en el desarrollo de las ideas en la historia, de una posición ide ológica extrema se pasa a la otra sin solución de continuidad. Con frecuencia se oye decir que los extremos se tocan. por lo que los antagonismos mutuamente se destruyen, de modo que la oscilación entre posiciones extremas es en la historia tan solo un movimiento que conduce a la desaparición de esos mismos extremos, lo que hace que, a la larga, el axioma establecido por Aristóteles en la Etica a Nicomaco, según el cual la virtud está en el medio. resulta también una verdad en el campo de la realización de las ideas en la historia.
Todas estas reflexiones han surgido en mi mente al constatar la evolución del panorama político de los años recientes. finales de 1989 fue derrumbado el Muro de Berlín y, con ello, se cayó estrepitosamente todo el tinglado político, impuesto con mano fér.
rea por Lenin en el antiguo Imperio Zarista y luego por Stalin y el Ejército Rojo en todo el Este Europeo después de la Guerra Mundial Nadie en el mundo occidental capitalista se esperaba eso. Quizás por eso su reacción triunfalista inmediata fue tan irracional como lo fue la desmoralización de todos aquellos que seguían a Moscú con la fe del carbonero. Dogmatismo de un lado y de otro que los hechos posteriores, como siempre sucede en la historia, se han encargado de desmentir. Así, si hace un par de años asistíamos al desmoronamiento de la concepción leninista de la revolución, hoy sucede otro tanto con las recetas neoliberales. Los recientes resultados electorales en el mundo entero así En los procesos históricos, como afirmaba Hegel, siempre se da un orden lógico más allá de la aparente dispersión de los hechos aisladamente tomados. Primero fue el derrumbamiento político de los modelos neoliberales ortodoxos y sus principales corifeos mundiales. Derrumbamiento de neoliberales y conservadores en toda la geografía mundial. Veamos: caída de la Thatcher en Inglaterra, de los republicanos en Estados Unidos, de los conservadores en Canadá, decadencia de los demócratas cristianos en Italia y Alemania y, más recientemente, derrota política de Yeltsin en las últimas elecciones parlamentarias en Rusia. En América del Sur, el repudio popular a las políticas neoliberales está a la raíz de los hechos espectaculares que han hecho variar sustancialmente el panorama político en varios países (Venezuela, Argentina, Perú, y el ingobernable Brasil. Todo esto ha hecho variar las políticas económicas del Banco Mundial y del y Fondo Monetario Internacional, que hoy hablan menos en un lenguaje monetarista y dan mucha más amplia acogida a las reformas sociales.
Pero, como siempre sucede, del campo puramente económico, el nuevo rumbo de la política trasciende hacia la estructura mis.
ma del Estado, hasta el punto de que el resurgir amenazante de la extrema derecha nacionalista está llevando a los excomunistas italianos al poder y a Yeltsin a buscar una alianza con el antiguo PCUS, recordando así los famosos Frentes Populares de los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. De todo esto podemos sacar una conclusión: no ha sido todo socialismo el derrotado sino su versión totalitaria, de modo que hoy más que nunca el mundo solo tiene una esperanza: una versión socialista adaptada a las condiciones reales de cada país, pero siempre plenamente democrática.
La geografia es imperat inescapable. Es cierto que somos el mercado natural de la industria norteamericana. Pero todo reside en la manera como unos y otros nos conduzcamos en relación con esa digamos verdad. El Tratado de Libre Comercio de la América del Norte redundará, quiéranlo o no en Washington y Wall Street, en que alemanes y japone ses (por no citar a otros) establecerán sus fábricas en México. De manera que el mercado no está muy se guro.
Quedamos los otros. Ciegamente, nuestros serviles (así les llamaban en el siglo XIX a los pro colonialistas y demás conservadores y alas derechas) no pa recen tener inconveniente basados en una anacrónica ideología económica que los tiene agarrotados en que nuestra pequeña, incipiente industria quiebre es pectacularmente a manos de una competencia desleal por definición y naturaleza aunque no lo sea por intención basada en el poderío económico y en capitales inconmensurables. Nuevamente, como en el siglo XIX, nosotros, en cuanto habitantes, en cuanto se res humanos, interesamos poco; sólo interesamos como consumidores y tal vez como eventuales asalaria dos. hasta el momento, no hemos tenido a Juan Rafael Mora en el gobierno.
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lo prueban.
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