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per sbotanasveul 01 TUSTAJAI Jueves 27 de Enero de 1994. LA REPUBLICA 15B Opinión Macartismo y clientelismo en la lucha electoral CHISPORROTEOS JUAN RAFAEL QUESADA NID ALBERTO CANAS Después de la conversación escrita que tuve aquí con Víctor Flury, pude por fin ver esa versión de Los Tres Mosqueteros que han producido los por otra parte beneméritos estudios Disney.
Suntuosa, rápida, movida, espectacular. Los tres clásicos personajes: Athos, Porthos y Aramis adquieren un relieve individual que ninguna de las versiones anteriores les dio (salvo a Athos. y esa es una virtud. Pero.
Corría el año 1965. La campaña política estaba en su apogeo. Colegiales entonces, nuestros familiares nos llevaban a las plazas públicas del partido político de sus simpatías. En cada ocasión, nos marcaba profundamente el escuchar, de manera reiterada, machacona, un mensaje que nos infundía temor. Eran frases como: Con Daniel. va Fidel. Un voto para Daniel. es un voto para Fidel. Por qué eso producía miedo?
Ese tipo de propaganda calaba fuertemente en nosotros, porque de escolares habíamos sido bombardeados por una campaña tenebrosa dirigida contra la Revolución Cubana. Todavía recordamos, como si fuera ayer, aquellas publicaciones que circulaban masivamente, en donde los dirigentes revolucionarios cubanos eran presentados como personajes malvados, ávidos de sangre, que mandaban al paredón a sus adversarios, que perseguían a los religioSOS.
Con estos antecedentes, era de esperar que la relación de Daniel (Oduber)
con Fidel (Castro) produjera los resultados conocidos.
Años después, al iniciar los estudios universitarios, nos enteramos de que ese tipo de estrategia propagandística, diseñada para combatir al adversario político, se llamaba macartismo. Esto consistía, simple y llanamente, en presentar al comunismo como algo infernal y en encontrar esa doctrina en cualquier posición que se separara de los mandamientos emitidos en Washington, o del consenso oficial; es decir, aquel que se arrogaba la representación de los valores de Occidente, la libertad, la democracia, la empresa privada. En esas circunstancias, era imposible disentir, por ejemplo, de la línea trazada por los dueños de ciertos medios de comunicación colectiva. No fue ese, acaso, el delito de don Isaac Felipe Azofeifa?
1993. El Muro de Berlín ha saltado en pedazos. Las condiciones que dieron origen al macartismo han desaparecido. En ese contexto, la campaña electoral que culminará el de febrero de 1994 no se ha distinguido por el macartismo, sino por el clientelismo. Esto significa el crear sumisión o dependencia de los más pobres, de los más humildes, hacia los más poderosos por medio de dádivas, de regalos o promesas de.
El clientelismo, vieja práctica política de liberalismo oligarquico del siglo pasado, ha sido actualizado en nuestro país, en un contexto muy particular.
En efecto, así como la Revolución Industrial dio origen a los pobres como clase, en la actualidad las políticas neoliberales producen cada vez mayor cantidad de pobres, a quienes se les trata La Repúblca Jorge Illa de domesticar o mediatizar la conciencia mediante la concesión con dineros públicos, desde luego de un bono, de una placa de taxi. a los grandes, a los que financian la campaña. qué se les ofrece. Acaso una licitación para construir carreteras?
Sin ninguna duda, el macartismo como el clientelismo, son perversiones de la democracia. El primero acallaba conciencias, el segundo las prostituye. Cabe entonces preguntarse. Con qué eficacia se podrá enseñar CIVISMO en escuelas y colegios, si debido a intereses politiqueros se utilizan mecanismos que destruyen la ciudadanía?
Pero así como se titula Los Tres Mosqueteros podría haberse llamado El Planeta de los Simios. Casablanca o El Sacrificio de una Madre. Porque resulta que algún guionista de los estudios Disney decidió enmendarle la plana a Dumas y escribir otro argumento para la obra, un argumento que no tiene nada que ver con el de la novela y que, por supuesto, es manifiestamente inferior.
Ya no se trata de recobrar los herre.
tes de la reina. Ahora resulta que el Cardenal Richelieu desprovisto de su elegancia, de su porte, de su finura y de sus gatos quiere asesinar a Luis XIII, ha disuelto el regimiento de los mosqueteros, y está interpretado, jira de Dios. por un actor de nariz chata y facy ciones de orillero, más apropiado para una película de James Bond que para una de Dumas.
Privatizar la administración de justicia Artagnan, despojado de su bigotillo y mosca, resulta tan extraño como el Robin Hood de Kevin Costner, despojado de la gorra o hood que le dio nombre y renombre.
HERNANDO PARIS Los niños que no han leido novela, se emocionan. Un nieto mío que sí la leyó se sintió estafado. En lo que a mi concierne, me acomodé en la luneta para disfrutar de una película de acción y aventuras que, por un error de la compañía productora, lleva un título que no le corresponde.
En el Estado moderno, la administración de justicia le corresponde a uno de los tres poderes públicos, denominado Judicial. Este, surge de la teoría de la separación de poderes propuesta por Montesquieu y tiene sus primeras aplicaciones en el siglo XVIII, con ejemplos claros como el de la Constitución de los Estados Unidos de América (1787. Hoy, prácticamente en todas las constituciones de los diversos países encontramos previsto un Poder Judicial, con variados grados de independencia.
La Constitución Política vigente le atribuye al Poder Judicial costarricense la función de resolver definitivamente las causas civiles, penales, comerciales y de cualquier otra índole, establecidas por la ley. Sin embargo, esta resolución definitiva por la via judicial debe ser la excepción y no la regla, cuando se trata de resolver los conflictos que se presentan en una sociedad.
Los costarricenses tenemos una arraigada tradición legalista, que, unida al criterio de autoridad, nos impulsa a recurrir ante los tribunales es decir, al Estado, cada vez que se nos presenta un conflicto, en vez de tratar de solucionarlo nosotros mismos a través del diálogo, la mediación o métodos similares. Este criterio paternalista, ha hecho que los tribunales estén congestionados y deban resolver desde el pleito de dos vecinos que discuten por un lindero, hasta el caso del jugador de fútbol que, al ser suspendido para un partido, recurre ante la Sala Consti¿Por qué no promover una cultura de diálogo, entendimiento y concertación social, que nos permita solucionar los problemas sin llegar a los tribunales y mucho menos a las vías de hecho?
La última solución, debe ser la judicial. Si bien el Estado no puede delegar esta última responsabilidad en manos de los particulares, sí debe promover que los ciudadanos, como parte de su desarrollo social e institucional, cuenten con instrumentos que les permitan armonizar sus intereses, antes de contraponerlos en un litigio.
En Costa Rica existe terreno fértil para la promoción de esta cultura del diálogo. Por ello, si bien no debemos privatizar la justicia, sí podemos incentivar la solución alternativa de conflictos, mediante métodos tales como la transacción, la mediación, la conciliación y el arbitraje, impulsados por el Estado, pero ejercidos por la sociedad civil.
Estos métodos tienen claras ventajas frente a la opción judicial. Por ejemplo, su bajo costo, rapidez, flexibilidad, armonización de intereses, menor grado de tensión entre las partes y confidencialidad. Además, la participación activa de la sociedad civil en la solución de sus problemas, fortalece la democracia y permite que el Poder Judicial se limite a solucionar las controversias que no pueden ser resueltas por otra vía, o los asuntos graves cuya naturaleza demanda la necesaria intervención del Estado (v. gr. la materia penal. Con la promoción de estos medios alternativos para la solución de conflictos, ya ampliamente difundidos en otros países (v. gr. Estados Unidos, México y Colombia. se agilizará la justicia, al ver reducido el número de asuntos que deben conocer los tribunales, generandose un clima de confianza que facilite la inversión y el desarrollo del país.
En resumen, lo que antes llamábamos una hollywodada. más grave aún que aquella de los años 30, cuando filmaron El Conde de Monte Cristo y le alteraron el desenlace, para satisfacer las aspiraciones de las colegialas lectoras de novelas rosa.
En el caso de Los Tres Mosqueteros, no es que alteraron. Es que hicieron a un lado el libro y confeccionaron otra historia. La versión de 1974, a que me referí el otro día, mantuvo la historia pero le alteró el espíritu convirtiéndola en una mascarada.
De manera que le vuelvo a decir a mi amigo Flury que me quedo con la de 1948, con el agilisimo Artagnan de Gene Kelly, con el memorable Athos de Van Heflin, con la perversísima Milady de Lana Turner, y, sobre todo, con la inmortal peripecia que inventó Alejandro Dumas hace 149 años y que, como dice el corrido de Pepe Figueres, nunca ha caído y nunca caerá.
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