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20B LA REPUBLICA. Domingo 30 de Enero de 1994 Réplica UNA realidad diferente LUIS RODRIGUEZ Ph.
omo docente e investigador de la Universidad Nacional (UNA. siento la obligación de responder al artículo Una gran crisis en la UNA.
escrito por el Dr. Freddy Pacheco. Considero que dicho articulo no presenta correctamente la realidad en la UNA. pesar de ser yo uno de los críticos más fuertes en la institución, eso sí, hago mis críticas dentro de la UNA, con el afán de ayudar a mejorar las cosas. Si bien es cierto que existen problemas en nuestra insti.
tución, la mayoría de ellos comunes a todas las entidades públicas y estatales, existen áreas en las que se han mejorado y reducido significativamente los procesos administrativos. Tomo como un ejemplo, entre muchos, la creación de un programa académico multidisciplinario; el Programa de Investigación en Enfermedades Tropicales (PIET. En 1986, cuando regresé después de completar mis estudios de postgrado, encontré que la universidad no contaba con programas definidos de investigación, incentivos para realizarla, ni mecanismos eficientes de administración de proyectos. En la misma situación estaban otros investigadores: nadando contra corriente en un ambiente hostil a la investigación, sin fondos suficientes y, cuando había fondos, sin mecanismos eficientes para la administración de los mismos.
Ante esta problemática, fue la UNA la primera universidad en Costa Rica que creó una fundación (Fundación UNA. con el objetivo de captar y administrar en forma eficiente y sin las trabas típicas de la administración pública fondos para realizar actividades académicas. La UNA fue la pionera en establecer mecanismos de venta de servicios a los sectores productivos nacionales.
Entre 1985 y 1992 la Fundación UNA ha captado más de 700 millones de colones en donaciones y venta de servicios a agencias internacionales, empresas nacionales, sectores productivos e instituciones estatales. Durante los últimos años, he tenido la dicha de participar activamente en cambios nunca antes vistos a nivel de las instituciones de educación superior en nuestro país. En 1988, un grupo de investigadores que habíamos conseguido fondos para investigar decidimos unirnos en un programa multidisciplinario de investigación en enfermedades tropicales (PIET. Con los fondos obtenidos de agencias internacionales como la IFS, la Organización Mundial de la Salud, SAREC (Suecia. CIID (Canadá. AID (Estados Unidos. instituciones nacionales como CONICIT, Ministerio de Salud, Ministerio de Agricultura, empresas y grupos de productores hemos logrado establecer uno de los programas de investigación más fuertes en Latinoamérica, en el área de las enfermedades tropicales tanto de los animales como del hombre.
Gracias a los mecanismos administrativos y, lo que es más importante, a la voluntad de cambio de la administración de la UNA, se logró en años lo que otras universidades latinoamericanas no han logrado en o más décadas.
La ventaja que tiene la UNA es que, por ser una universidad joven y dispuesta a cambiar sus estructuras para crecer al ritmo de la sociedad actual, ha permitido el establecimiento y consolidación de muchos programas como el antes mencionado.
Dentro de estos programas se colabora con las mejores universidades del mundo; por ejemplo, solamente dentro del PIET existen programas de itercambio y cooperación con universidades como Harvard, Yale, Wisconsin, Pennsylvania, Missouri, California Davis en Estados Unidos; Guelph Ontario en Canadá, Navarra en España, Uppsala en Suecia, Utrecht en Holanda entre otras. Estas universidades han buscado a investigadores de la UNA para colaborar de igual a igual en investigación de punta a nivel mundial. Gobiernos de otros países y organizaciones internacionales solicitan a profesores de la UNA COmo asesores y, sobre todo, los sectores productivos nacionales utilizan la tecnología y los servicios que brinda la UNA para mejorar su capacidad y eficiencia productiva.
Por supuesto que no todo es color de rosa, pues aunque hay aún mucho por hacer, hay un cambio, quizás el más importante que pueda dar una institución y que la UNA en su amplia mayoría ya lo ha hecho: es el cambio de mentalidad. El cambio de una mentalidad de extender la mano y pedir dinero al gobierno y al país para sobrevivir, a una mentalidad de ganarse ese dinero y devolverle al pueblo en servi.
cios, excelencia académica, en cultura, en tecnología lo que tanto nos ha dado.
Ya hemos dejado atrás los días de las marchas por la Avenida Central de San José pidiendo limosna y nos hemos convertido en una institución seria e indispensable para la vida nacional.
Dentro de la UNA, el que quiere trabajar encuentra el apoyo necesario, eso sí, hay que ser creativo y salir a buscar las oportunidades. Por ejemplo, hay programas en la UNA que por cada colón que les aporta la institución consiguen en fondos externos a nivel nacional o internacional. Lo importante es mantener la excelencia académica y formar los profesionales que el país necesita para el siglo venidero.
El concepto de universidad, especialmente en Latinoamérica, ha cambiado sustancialmente; el concepto tradicional, cuya principal misión era continuar la educación secundaria (solo que con estudiantes un poco más maduros) ya ha pasado a mejorar vida. La universidad actual es un ente gestor e innovador a ni.
vel cultural, político, científico y tecnológico.
En este sentido, la UNA va a la vanguardia de los entes educativos superiores nacionales. El cambio estructural que se ha iniciado con la aplicación del nuevo estatuto orgánico, aprobado democráticamente por la comunidad universitaria, es uno de los más importantes en la historia de la educación superior costarricense.
Esta es UNA realidad.
Tribuna Periodismo nacional, manojo de utopías LUIS MONTOYA SALAS mnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Comité para la Protección de los Periodistas, la Sociedad Interamericana de Prensa y un sinnúmero de organismos internacionales poseen sendos catálogos sobre las embestidas a la libre expresión del pensamiento.
Paradójicamente, la fortaleza de esta profesión se nutre del pulso que todos los días se libra en las salas de redacción, entre el poder empresarial del medio informativo, y con los merodeadores del poder económico y del poder político.
Me atrevo a afirmar que si desaparecieran estas arremetidas, la prensa perdería el soporte que la mantiene como símbolo de la libertad de expresión.
Si sobrevolamos la historia, no más allá del 26 de agosto de 1789, en el artículo XI de la Declaración de los Derechos del Hombre encontramos el siguiente párrafo: La comunicación libre del pensamiento y de las opiniones constituye uno de los más preciados derechos del hombre.
Pero ese mismo artículo establece las fronteras de tal derecho: cada quien debe responder por el abuso de esta libertad, en los términos establecidos por la ley.
Mucho antes, a todo lo largo de los siglos XVII y XVIII, enfrentando la corrupción, el autoritarismo, el pago de pesados tributos y la arbitrariedad de las monarquías, los pioneros del periodismo construían los principios filosóficos de la única libertad inalienable: la libertad de conciencia.
Las renuncias forzadas y los despidos aplicados por un medio impreso y una estación de solo agregan pruebas a la tesis del periodismo como una de las profesiones liberales más frágiles.
Con estos antecedentes, el resultado de la comisión, creada por el Colegio de Periodistas para averiguar si existió presión por parte de un partido político sobre estimables colegas, ocupará en la historia de la prensa costarricense algunas lineas, con puntos suspensivos y muchas interrogantes.
Ante los recientes acontecimientos, el Colegio de Periodistas debe demostrar si es una institución con la voluntad política para reivindicar el valor de la profesión, de cara a los empleadores.
No obstante, la posición de principios que adopte surte efecto, acompañada de una estrategia basada en una identidad comunitaria, que nos encamine hacia el fortalecimiento de nuestra estima.
Con un placer sutil camuflamos la realidad de realidades: cuanto le pase a un colega le puede pasar a todos, en planos y tiempos relativos. Si se logra aglutinar al gremio alrededor del derecho elemental al trabajo, resulta más fácil dar el siguiente paso: la convocatoria a un plebiscito para aprobar o rechazar un estatuto del periodista, que incluya la cláusula de conciencia para proteger el fuero profesional, sustituyendo el despido brutal por una renuncia digna en el marco del canon legal Las escuelas de periodismo tienen, también, su porción de responsabilidad y culpa en la desvalorización del periodismo, por no haber asumido, con rigurosidad científica, la formación académica de sus egresados. Ha cumplido, a medias, su función, suministrando mano de obra cómoda, técnicamente calificada, deslumbrada por la apariencia de las formas.
Este momento es crucial para voltear toda la casa de estudios: los planes y programas; la epistemología, si es que alguna vez defendimos alguna; la pedagogía; las cualidades y calidades de los docentes; quiénes somos, qué queremos y cómo lo vamos a alcanzar.
Ignorar estos valores éticos, consubstanciales con la razón de ser de una academia, es insuflar en nuestros egresados el germen de la superficialidad, de la facilidad y del sometimiento inescrupuloso a la mediocridad.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.