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Campo pagado ¿Impuestos a caficultores?
Sí, pero. Arturo Lizano Fait La producción cafetalera ha sido, desde hace mucho tiempo, una de las actividades productivas del país sometida a más regulaciones, restricciones y prohibiciones. La discrimminación ha sido sistemática e institucionalizada. Estos comentarios se refieren, precisamente, a uno de los temas más traídos en días recientes, a saber: el sistema impositivo de la caficultura. Sin embargo, antes de abordar este tópico bien vale la pena reiterar, brevemente, los principales aspectos de dicha discriminación.
II Primero, al caficultor le está prohibido, a pesar de claras normas constitucionales relativas a la libertad de comercio, vender su cosecha, es decir, el producto de su esfuerzo. Está obligado a entregar su producción en consignación a un beneficio.
No puede ni tan siquiera descontar, en el mercado financiero, los beneficios extendidos cuando entrega su café. Esto debe modificarse.
Segundo, el caficultor está obligado a esperar largos meses, después de haber entregado su producción, para recibir la liquidación de su café, con base en las decisiones adoptadas no por él sino por el beneficio, los exportadores y el Instituto del Café. Esto debe modificarse.
Tercero, el caficultor está obligado a entregar, en consignación, su café a empresas (los beneficios) cuyo interés, dadas las circunstancias actuales, no es venderlo al mejor precio posible. Los beneficios, hoy por hoy, toman sus decisiones sobre las ventas de café con base en la de los demás beneficios, muy en especial de sus competidores inmediatos. Si el competidor vende, él vende; si no vende, él tampoco. La razón es sencilla, si un beneficio liquida a sus clientes a un precio inferior al de los competidores corre el riesgo, en la próxima cosecha, de perder parte de su clientela. Por consiguiente, el objetivo primordial no es vender al precio más elevado, sino no quedar por debajo de la competencia. Obviamente, esta situación acarrea pérdidas al país (menos dólares de exportación) y a los caficultores (menos colones en el precio de liquidación. Esto debe modificarse.
Cuarto, el caficultor no tiene estímulo de mejorar la calidad de su café. Esto se debe a la manera como se procesa el café en los beneficios. En efecto, en estos se mezcla el café de diferentes calidades. En consecuencia, el productor no tiene incentivo alguno de mejorar su producto, Esto es perjudicial, de nuevo, para el país y el caficultor, pues, el café de marcas debidamente establecidas obtienen 10, 15 más por quintal. En el mercado existe una gran diferencia entre una calidad genérica SHB y una calidad específica. Tarrazú. Esto debe modificarse.
Quinto, hasta hace poco tiempo se prohibía al caficultor exportar toda su cosecha.
Se le obligaba a vender alrededor del 10 de su producción en el mercado local a precios, generalmente, muchos inferiores a los internacionales. Se forzaba al caficultor a otorgar un subsidio a los consumidores, quienes a la vez se veían imposibilitados de beber café de buena calidad. En el caso de algunos productos agropecuarios los consumidores pagan un subsidio a los productores nacionales, pero en el caso del café ocurre lo contrario; los productores otorgan un subsidio a los consumidores. Esta situación inconveniente imperó durante muchos años y se eliminó hace poco tiempo. Pero el peligro subsiste: en la recién publicada Canasta Básica Moderna se incluyó el café. Esto abre, de par en par, una vez más, la posibilidad de intromisión estatal para fijar el precio del café de consumo nacional. Esto debe modificarse.
Sexto, el caficultor estuvo obligado, durante una larga época, a vender sus dólares producto de las exportaciones al Banco Central a un tipo de cambio inferior al prevaleciente para las demás transacciones externas del país. Así sucedió cuando el tipo de cambio del dólar fue de 60 y también cuando era de 60. Esta práctica ya fue derogada. Sin embargo, debe ponerse atención a la situación actual. El Banco Central, en una decisión digna de encomio, ha permitido a todos los exportadores a retener un porcentaje de los dólares provenientes de sus ventas al exterior. Pero el Banco Central ha mantenido, simultáneamente, el sistema de visado para las exportaciones café. Ahora bien, como en la actualidad los exportadores pueden retener el 60 de las divisas, basta con vender 40 al Banco Central para obtener una visa por 100. Cuando, posteriormente, se exporta el café y se procede a la liquidación del monto visado. el diferencial cambiario entre el momento de hacer el visado y el de hacer la liquidación, y bien podría no ser reintegrado al productor. Este peligro debe evitarse: Esto debe modificarse.
Sétimo, el caficultor debe aportar el uno por ciento del valor de su producción para financiar el ICAFE. Los cafetaleros, sin embargo, no tienen control sobre las actividades de esta institución. Es más, en el pasado, el gobierno central ha drenado fondos de las arcas de ICAFE. La contribución de los agricultores se justifica en el tanto los recursos se utilicen para mejorar la actividad cafetalera. Concretamente los fondos deben servir para disminuir los costos unitarios de producción (investigación, paquetes tecnológicos, asistencia técnica. promover el consumo del café costarricense en el exterior y ayudar a la diversificación agrícola de zonas cafetaleras marginales. Pero en la actualidad esto no es así. Esta situación debe modificarse.
III Además de esta lista de discriminaciones en contra de la actividad cafetalera, ha de mencionarse otra más, a saber: el sistema de impuestos. Hace algunos días este tema ha tomado renovado ímpetu. Concretamente, surge la pregunta de si la actividad cafetalera, después de llevar palo durante los últimos cinco años, ahora, en vista de la recuperación de los precios internacionales, debe o no pagar impuestos. La respuesta no acepta dudas. Los cafetaleros deben pagar los impuestos, claro está. Si, pero. asi como no hay razones válidas para eximir a los cafetaleros de pagar impuestos, tampoco las hay para hacer recaer sobre esta actividad una carga impositiva discriminatoria. Esta es, sin embargo, la realidad. Los caficultores como todos los costarricenses pagan y así debe de ser, el impuesto sobre la renta. Pero ellos, pagan además, un impuesto sobre el precio de exportación, obtengan o no utilidades de su explotación cafetalera. Mientras otras actividades exportadoras del país no solo están exentas del impuesto sobre la renta, si no también reciben un certificado de abono tributario, los cafetaleros, por su parte no solo pagan impuestos sobre la renta, si no también un impuesto calculado sobre el precio de exportación, es decir, una especie de CAT en sentido contrario.
El país ha desmantelado, paulatinamente, los impuestos de aduana y de exportación. Ambos introducen distorsiones importantes en las decisiones de consumo y de producción a los costarricenses al alterar los precios de los bienes y la rentabilidad de las diversas actividades productivas. Por ello debe seguir adelante: abatir aún más los impuestos de importación (15 en vez de 20 10. y eliminar los impuestos de exportación. El impuesto a la exportación sobre el café es una rémora. Pero esto no es todo. Sobre el caficultor recaen otros impuestos como el uno por ciento para ICAFE, el ad valorem de la producción y el territorial. Como resultado de este conjunto de impuestos cuando el precio FOB de exportación llega a 90 99, el monto total de impuestos pagados equivale a un impuesto sobre la renta de 30 por ciento, si el precio aumenta a 110 99, a uno equivalente al 63 por ciento. Lo anterior sin tomar en cuenta la contribución forzosa del productor al FONECAFE, por cuanto se trata de una capitalización mientras se amortizan los bonos cafetaleros y, posteriormente, se consideran fondos cuyo control y destino está en manos de los mismos caficultores, de no ser así, se estaría, sin duda, frente a un impuesto adicional. El sistema impositivo perjudica así un importante sector de la agricultura nacional, acostumbrado a competir libremente en los mercados internacionales. Por qué proceder de esta manera? Quizás en el pasado había alguna justificación, hoy no la hay. Esto debe modificarse.
IV La situación actual es inconveniente. Cuando el precio disminuye y viene la época de las vacas flacas los caficultores extienden la mano para recibir transferencias del resto de la comunidad y cuando el precio aumenta y viene la época de las vacas gordas, entonces los caficultores sacan del bolsillo para transferir recursos al resto de la comunidad. Estas relaciones de dependencia no son convenientes. Esto debe modificarse.
Se ha visto cómo a los caficultores se les discrimina de diferentes maneras. La actividad cafetalera se encuentra acorralada, sin justificación. Esta situación debe modificarse. Cómo? La dirección y el sentido de las reformas pueden deducirse fácilmente a la luz de los puntos mencionados. Las medidas concretas corresponde precisarlas a quienes conocen la materia. Dada la complejidad de los problemas y su importancia para un sector importante de la población del país, no podrá actuarse a base de ocurrencias. No se trata, por ejemplo, de crearle al Ministro de Hacienda más problemas, ya tiene suficientes. Pero ha de plantearse sin contrapisas. cuál es el beneficio para el país, desde el punto de vista del empleo y de los salarios rurales, de la producción agrícola de las exportaciones, de acorralar de esta manera a la actividad cafetalera. Cuál es la ventaja de estrujar a miles de productores, pequeños, medianos y grandes. Cuál extraño propósito u obscuro designio propicia esta situación? Con buena voluntad y firme decisión es posible echar a andar un programa de dos o tres años para resolver los problemas arriba comentados. Es cuestión de poner manos a la obra hoy, no mañana.
Reproducción solicitada por UPANACIONAL, FEDECOOP Cámara Nacional de Cafetaleros y Cámara Nacional de Exportadores de Café.
Firma responsable. Rosibel Cubillo céd: 625 631 Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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