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Jueves 27 de octubre de 1994 LA REPUBLICA 15A Opinión CHISPORROTEOS De profetas, narcomafia y corrupción ALBERTO CANAS LIC. YEHUDI MONESTEL ARCE Lo que más me sorprendió al leer sobre el fallecimiento de Doris Stone, fue la avanzada edad a que llegó.
Porque el enterarme, me di cuenta de que cuando la conocí, cuando la contemplé en su incesante actividad, cuando me sorprendían su dinamismo, su espíritu emprendedor, su condición de mujer incansable, no era ya una muchacha, sino una mujer que había llegado a una edad en que la mayoría de los seres humanos disminuimos nuestro ritmo y hemos comenzado a llevarla suave o al menos a procurarlo y en el peor de los casos a prepararnos para ello.
No era una chiquilla aquella mujer que le sonó a mi generación la campana de alarma sobre la situación y condición de nuestros indígenas, y que se lanzaba a penetrar selvas, escalar montes y cruzar ríos en el empeño de luchar por ellos. todos estos desvelos, los riesgos que corría, el convertirse en grupo de presión individual, eran obra de una mujer que podía perfectamente estarse divirtiendo, gozando simplemente de la vida, porque tenía los medios para hacerlo, y para vivir como tantos seres humanos de condición económica y social similar a la suya olvidada de problemas y de espaldas a la realidad del prójimo.
Pero Doris Stone tomó otro camino. decidió decisión que entre nosotros poquísimos tomanque su riqueza personal era, por sí misma, una deuda con la sociedad, que le imponía deberes con la sociedad, y se aprestó a cumplir esos deberes, según ella los entendía y sin que nadie se lo pidiera, entregándose, dedicándose, y sirviendo a este su país adoptivo.
Sergio Miranda La República Allá por los vericuetos de 1987 en España, Fernando Urbina de la Quintana, un visionario amarrado a la trifulca de una editorial misionera sin pelos en la lengua, aglutinó elementos dispersos pero coincidentes en ensayos antagónicos, para tratar de esclarecer el significado del profetismo y descubrir en qué oscuro rincón del planeta Tierra se han escondido los profetas, esos hombres apasionados por Dios y por el pueblo, capaces de enjuiciar críticamente el presente, atajando las falsas esperanzas, pero aptos para alumbrar proyectos de un futuro más humano.
En las antípodas y sin conexión con Urbina, por iguales fechas o cercanas, ese irrespetuoso escritor, periodista y abogado que se llama Alberto Cañas Escalante, sintonizó la onda y sin proponérselo estoy seguro que jamás se dio cuenta de ello. comenzó a incursionar en un cierto profetismo, olvidando que de hecho las sociedades contemporáneas son tierra extraña para profetas y a las expectativas ilusionadas del progreso o de la filosofía de la ilustración, les suceden eso que llaman postmodernidad como mera palabrería o pura paja. y resabios de la ideología nietcheana del eterno retorno al mundo sin sentido y sin futuro.
Con voz estentórea, dedo acusador por delante y denuncia pródiga, Cañas incordió como siempre está incordiando, a todo el que se tragó sus columnas de prensa escrita o se asomó al apasionado e intimista mundo de sus tertulias en canal 13, regodeándose en visiones apocalípticas y redescubriendo algunos de los profetas criollos que llegaron a la máxima expresión con José Figueres Ferrer, Manuel Mora Valverde y monseñor Víctor Ml. Sanabria Martínez, trinidad extravagante aliada entonces en urgir la corrección de las torceduras históricas de Costa Rica, fustigar el peligroso endiosamiento de los grupos de poder y leñatear a los vocife rantes del paradigma de nuestra democracia perfecta. que nos han nutrido con el gelatinoso blá, blá, blá por el cual creemos que somos lo que no somos, y vivimos como no vivimos.
De aquel púlpito en que se resucitaron profetas y profecías, emergió rotunda la clarividencia betocañífera que acusó un país en camino del destartalamiento, tontamente ansioso de perder su paz social y enamorado de la corrupción que ha ido abriendo espacios y más espacios a la narcomafia internacional. germinó un movimiento de ilustres costarricenses, mayoritariamente abogados, proclamando un tratamiento no de cirugía cosmética, sino de verdadera autopsia. para librar a la nación de los cánceres que se la están comiendo viva.
Un movimiento que propuso, dentro de cierta lógica, comenzar la medicina de urgencia regenerando todo lo que fuese necesario en el Poder Judicial, para restituir a los tribunales de justicia un tanto la credibilidad perdida y devolver, a la Corte Suprema, la fe pública maculada por la Comisión Investigadora del Narcotráfico que desde la Asamblea Legislativa la informó sospechosa de andar por caminos neblinosos.
Esa inquietud de años atrás, angustia de nuevo cuando las encuestas acentúan la pérdida de confianza en el aparato de la justicia, se critican debilidades en sus actuaciones, se cuentan docenas de narcomafiosos detenidos y vueltos a liberar en menos que canta un gallo y hasta el mismo Organismo de Investigación Judicial (OIJ) debe apurar una investigación interna, en ánimo de aclarar supuestos ligámenes de la narcomafia con algunos de sus hombres, influencia colombiana en el crimen de un traficante de drogas en el Atlántico que se imputa a tres de sus agentes y los movimientos, en torno a todo el asunto, de un capo del Cartel de Cali llamado Justo Palomeque Cossio, también ligado aparentemente con la tenebrosa red de lavado de dinero que dejó al descubierto la operación Chimborazo hace solamente ocho días.
Es aquí donde aterrizamos con lo del profetismo y cambiamos rumbo rogando a título de emergencia a magistrados, jueces y funcionarios judiciales de los que forman la mayoría y mantienen incólume su armadura profesional, ética y moral, que se comprometan con acTenemos muchas deudas con ella, pero la más importante es la de haber sonado la campana de alarma que he dicho. Porque después de Doris Stone, la conciencia del país se sintió sucia y dichosamente la lucha que ella emprendió la han seguido muchos, y creo que en estos momentos de hoy más de cuatro décadas después de que ella inició sus trabajos y empeños existe ya una conciencia universitaria que es reflejo de una conciencia nacional, sobre lo que son nuestros aborígenes y la necesidad de que se incorporen a la sociedad con todos los honores.
ciones reformadoras, cambien el rumbo de la nave, carenen su casco, fortalezcan su arboladura y como nue vos Cristos salvadores de pie sobre la línea de crujía. eviten el naufragio del país y se constituyan de nuevo en el Gran Fiscal que garantice una patria libre de pesadillas y limpia de corrupción.
Un Gran Fiscal que exija, ahora que Costa Rica aparece como punta de lanza del gigantesco laberinto del lavado de dinero, acción sin flojeras ni complicidades a las autoridades a quienes deba exigirse tal cosa, pues es bien sabido que el Presidente de la República, el Ministro de Seguridad, el OIJ y otras autoridades del Estado, tienen en sus manos toda la información del caso, se trata de información incontrovertible, y ya comienza a extrañar que el cabecilla de la organización Hugo Cuevas se marchara del país 24 horas antes del zarpazo policial a los lavadores; en Argentina, Estados Unidos y República Dominicana haya detenidos y aquí no; en esos mismos países se cerraran las empresas comprometidas y aquí se acuse a Unigiros públicamente pero se le permita seguir abierta; se diga que Unigiros opera desde 1989 y aparezca solamente en 1993 permiso para su funcionamiento legal; e incluso que Justo Palomeque Cossio, el mismo ligado al crimen de Ciro Monge según se dijo entonces, pueda resultar cliente especial en un segundo registro financiero del que se sabe, pero no se informa.
Sabiendo que el Cartel de Medellín practica el triunfalismo de la ametralladora y la cara descubierta, y el ingrediente nada secreto del de Cali es el disimulo, el silencio y la estrategia del soborno generosamente ofre cido a toda estructura del poder oficial que pueda pene trar donde quiera que sea, viene bien con base en el re cuerdo de los profetismos de Alberto Cañas y los movimientos que se despertaron, llamar a los costarricenses a mantener los ojos abiertos y las entendederas claras, para que nada en este caso, se difumine hasta desapare cer.
Es cierto que se han cometido muchos errores.
Es cierto que las distintas políticas que han venido ensayando distintos gobiernos no han tenido los benéficos efectos que se han propuesto. Mal concebidas en unos casos, peor ejecutadas en otros, corrompidas algunas veces según se ha denunciado. Pero la preocupación sigue en pie.
Interesa mucho destacar ahora que en la provincia de Limón, la conciencia bi racial que ha sido el cañamazo que la ha unido, adquiere en esta época una ampliación de conciencia multi racial, y que ya no se piensa en Limón sólo como tierra de blancos y negros, sino como tierra de indios, blancos y negros.
Esta conciencia creciente es, de alguna manera, un homenaje a Doris Stone. Tiene que haber muerto satisfecha de ver que la semilla que ella pacientemente comenzó a sembrar hace casi medio siglo, va fructificando. que tal vez no esté lejano el día en que logremos rescatar, redimir, incorporar, asimilar. el verbo que ustedes quieran) a nuestros aborígenes, de manera que engan en nuestra Costa Rica de todos, el lugar que merecen, el lugar a que son acreedores, el lugar que Doris Stone luchó por obtener para ellos, por que se les reconociera.
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