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LA REPUBLICA. Domingo de julio de 1987 El viaje presidencial ALFONSO CHASE 17 toy Discrepo, respetuosamente, de aquellos que creen que el Presidente, cualquiera que éste sea, deba restringir su misión ejecutiva a su presencia en la Casa Presidencial y dejar para otros los contactos internacionales. El aldeanismo nacional, muchas veces aislacionista, busca convertir a nuestro país en un reducto casi inexpugnable, en donde las gentes deben hacer sus funciones únicamente en función de sus deberes menores, dejando de lado las relaciones internacionales, tan importantes en este momento y cuya necesidad se amplía cada vez más.
Indudablemente, el viaje presidencial, conociendo un poco los intereses políticos del señor Presidente, y de algunos de sus Ministros, no puede quedar reseñado en la crónica periodística, superficial y frívola, cuando no malévola, a la cual le importa más el color de la corbata y los sombreros de las damas acompañantes, el menú servido o el corte de pelo del Presidente, antes que la importancia política de un viaje, hecho con cierta discreción protocolaria, y que constituye una tradición en la vida institucional de Costa Rica y cuyos gastos, vistos en proporción, no son más grandes que los gastos semanales que demanda la función pública. Quizás por falta de interés profesional, o adecuada a un periodismo muy particular, la opinión pública es manipulada a creer, leyendo, la inutilidad de un viaje que para mí tiene gran importancia, como lo tiene el de cualquier jefe de estado del mundo, en sus relaciones con países amigos, cercanos en muchos asuntos, o aun con aquellos que discrepan de nosotros, pero con los cuales tenemos relaciones cordiales.
Estas visitas, en lo que tienen de relevante, permiten a nuestro Jefe de Estado, y a sus colaboradores cercanos, entrar en contacto con instituciones y personalidades de gran importancia, que pueden ser interlocutores valiosos a la hora de poner en marcha proyectos, ideas y realizaciones, que ameritan un contacto personal, así como dar una imagen, modesta, es cierto, de nuestro país y de quienes nos gobiernan.
La cultura política nacional, aún en pañales, impide la valoración de estos viajes en sus aspectos más fructíferos, y aun en los negativos, porque la manipulación informativa nos presenta a nuestro Presidente como un turista cualquiera, dañando la imagen de quien ocupa circunstancialmente la silla magna, buscando dar una imagen de frivolidad chabacana, que hace más daño a nuestro país que el ataque frontal, porque entre líneas pueden leerse combinadas la crónica social con el chiste de cafetín, y no la importancia que tiene el que nuestros gobernantes puedan discutir, cara a cara, asuntos tan importantes como un Plan de Paz Centroamericano o la ayuda solidaria para nuestro país, en el campo económico, que necesitamos urgentemente.
Alejados de la pompa circunstancial que rodea este tipo de viaje, en donde se critica si se durmió en un castillo o en un hotel de segunda, con igual criterio, es importante que nuestros funcionarios viajen, a cumplir misiones específicas, conversen con dignatarios, hablen sobre nuestra patria con decoro y con franqueza y puedan crear una imagen de cierta independencia y respeto por nuestra soberanía, de la que estamos tan necesitados.
Ciertos sectores de oposición, que necesitan ganar una elección antes que prepararse para gobernar, se sienten incómodos porque a nuestro Presidente no le van saliendo tan mal las cosas, por su estilo de gobernar y por las pequeñas realizaciones que van dando su fruto. Lo anterior, mezquino, no puede estar sujeto a la valoración seria y es producto de la pasión momentánea. Otros sectores, que tienen un Jet a la puerta de su casa, se preocupan por el viaje, en cuanto a costos, pero omiten decir de sus descansos en playas extranjeras y la compra de baratijas en los grandes almacenes, así como la selección de tiquetes de viaje por computadora, desde lustrosos escritorios.
El mundo moderno requiere de la comunicación y de los viajes para muchos asuntos importantes. Depende de quién los haga y cómo se realizan y los frutos que se pueden sacar de ellos. Algunos de nuestros diplomáticos son útiles, otros absolutamente prescindibles. Eso es una realidad en todos los países del mundo. El que nuestros gobernantes viajen, con modestia y decoro, no debe asustarnos, ni preocuparnos. Aquella isla que fuimos amerita extenderse, comunicarse, insertarse en la vida mundial. Una actitud falsamente puritana, en este sentido, resulta frívola, insensata y aldeana. El solo hecho de que nuestra patria esté aprendiendo a decir la verdad, en los foros internacionales, es un avance y un contraste evidente con anteriores administraciones.
Firma responsable: Vinicio Jiménez Castro. Céd. Ident. 673 856 Reproducción solicitada del Semanario Universidad 19. VI. 87 ra. 3 Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguer Obregon Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas de ministerio de Cultura y juventua, Costa Rica

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