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REVISTA DOMINICAL Editor: Carlos Vargas Gené la República U origen se remonta al año 1084 en que un hombre, que serfa conocido después como San Bruno, decidió, en compañía de unos amigos, retirarse a un lugar aislado para dedicarse a la contemplación y al estudio. AN BRUNO escogió ese lugar y en el construyó una cabaña que le sirvera de refugio.
Nunca penso que seria el fundador de una orden religiosa que con el tiempo adquirirla gran fama en el mundo por su austeridad y. su licor; sobre todo por este último.
La creación de un licor como el Chartreuse, de calidad inigualable y que a pesar de elaborarse hoy en forma industrial conserva intacto su sabor, fue paralela al interés de los cartujos por el ambiente y la naturaleza que los rodeaba. Tal interés los llevó al conocimiento y estudio de las yerbas propias de la región y de allí a la fabricación de una nueva bebida cuya fórmula, así como el proceso de su fabricación, se han mantenido en secreto a través de los años, con sorprendente seguridad. Su destilación, envejecimiento y embotellado especial, se ha hecho dentro de un clima de misterio y silencio. Esto ha hecho que el Chartreuse no haya podido ser igualado.
Se comenta de él que hace olvidar las cosas malas y recordar las buenas, pero que sobre todo debe beberse entre enemigos, porque es tan noble y generoso que borra rencores y malentendidos, por lo menos en tanto se bebe.
Para mantener el secreto de su licor, que solo puede parecer injustificado a aquellos que no lo conocen, estos cartujos, bajo la asistencia de técnicos con los que se comunican a través de aparatos especiales, arreglan ellos mismos las máquinas defectuosas. Su labor solo se interrumpe cuando los monjes se van de retiro o cuando se trasladan a Tarragona, España, donde pasan tres meses de cada año produciendo Chartreuse, con ingredientes que llevan de Francia en cajas lacradas.
Al ser expulsados de Francia en 1901, su licor, metafóricamente hablando, se partió en dos. Quienes se quedaron con sus propiedades se encontraron, de pronto, dueños de unos antiguos alcoholes de budega que utilizaban en la fabricación del licor, pero que incompletosno les servían para nada.
Mientras, allá en Tarragona, España, los monjes, aunque consiguieron hierbas similares y tenían la fórmula, no podían elaborar su licor por falta de alcoholes.
Finalmente, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, los cartujos regresaron a su Gran Cartuja y con ellos el Chartreuse volvió a ser un todo inigualable.
Chartreuse: ANTIGUO MISTERIOSO N la Gran Cartuja, monasterio de la orden de los Cartujos, parece que el tiempo se ha detenido. Allí viven, igual que hace muchos años, monjes y legos que han hecho del servicio a Dios y a la comunidad, su único afán. Rodeados de bosques y de un silencio constante que solo puede romperse los domingos o días festivos. oran, meditan, mantienen su celda limpia, cortan leña, cuidan el jardín y la huerta. También pintan, esculpen. y fabrican el Chartreuse.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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