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Lunes 28 de Diciembre de 1992. LA REPÚBLICÀ17 Debate Chisporroteos ALBERTO CANAS Actualidad Con una reflexión sobre la paz y dos poemas de Jorge Debravo iniciamos la última Mariana Lev.
Dos consideraciones de orden general me sugiere la lectura del libro HEROES AL GUSTO LIBROS DE MODA.
JORGE DEBRAVO.
Poeta costarricense (1939 1967)
Invocación a Juanito Mora La primera, es la tendencia que vengo notando hace días en ciertos autores de la última camada, de llamar por solo un apellido a costarricenses que durante toda su vida circularon con dos, y a quienes la posteridad ha conocido con dos. No es la primera vez que me encuentro al presidente González Viquez citado como Cleto González a secas. Igual tratamiento se viene dando a Brenes Mesén. todavía no a García Monge. a Fernández Guardia, a otros. En el libro que comento, el nuevo damnificado es don Pedro Pérez Zeledón, citado simplemente como Pedro Pérez.
Resulta paradójico esto en un libro cuyos autores todos (con la excepción del canadiense. aparecen en él ostentando sus dos apellidos: el paterno y el materno.
Aquí, Juanito, aquí, en esta piedra hunde tu hueso, en estas casas clava tu hueso, el hueso tuyo, terriblemente libre desde el alma, tu patriótico hueso, tu agudísima y profunda manera de comprender la patria.
a Republica No te ofrezco la paz, hermano hombre Aquí Juanito, aquí hunde tu hueso, ahora que los odios amortajan, con su baba humillante, el dulce suelo que tú abonaste con tu costilla blanca.
Esto no debería ser un problema para nadie.
El nombre legal de los costarricenses incluye des de hace tiempo el apellido paterno y materno (tanto así, que hace alrededor de 60 años se resolvió por ley que quienes no tenían apellido paterno usaran los dos de su madre. Pero dentro del juego de nombres y apellidos a que todos te nemos derecho, cada cual escoge la manera como quiere ser conocido. Rafael Otilio Ulate prescindió de su primer nombre; el padre de José María Figueres (do Pepe) se llamaba exactamente igual que su hi pero nunca usó su segundo nombre; el Dr. Calderón Guardia jamás permitió que al citarlo se prescindiera de su apellido materno, mientras que su rival León Cortés jamás empleó su apellido materno (Castro. porque las tres sílabas león cor tés eran un charinazo y todavía suenan en los claxones de las campañas políticas.
No te ofrezo la paz, hermano hombre, porque la paz no es una medalla: la paz es una tierra esclavizada y tenemos que ir a libertarla.
Yo te pido el amor y la ternura, el músculo, los gritos y las garras, la agilidad del pie, el fuego del canto, la hoguera del deseo y la mirada.
Pertrechados con luz, con alegría, con sueños, cuerpos y almas, saldremos a tomar la paz a golpes aunque tengamos que despedazarla.
Dame tu hueso, tu buen hueso, tu hueso mártir, blanquísimo y honrado.
Tu hueso mártir para abrir mentiras, tu blanco hueso para arar el campo, tu honrado hueso para abrir canteras en la roca del dólar, tu buen hueso para echar a cantar los campanarios.
seca MARIANA LEV.
Coordinadora Educar para la paz Es cuestión de respetarle a cada quien su manera de presentarse, su nom de guerre que dicen los franceses, y no agregarle un Madriz al Dr. Castro, que fue simplemente el Dr. Castro mientras vivió, y así fue conocido por las generaciones siguientes hasta que alguien (es de presumir que de la familia Madriz) decidió encajarle al apellido materno que el prócer no uso. Algo parecido vienen haciendo con Rodrigo Facio. Son pocas las figuras públicas que en nuestro país han usado corrientemente sus dos apellidos. más de las que están citadas, recuerdo, en la política, a Castro Quesada, Aguilar Machado; a Fernández Güell, Dobles Segreda, Vargas Coto, Marín Cañas y Herrera García en las letras. Falta de respeto el citarlos con sólo un apellido. Son más los personajes públicos que han preferido un nombre de guerra corto, y han circulado con solo su apelli do paterno. Falta de respeto el citarlos por su nombre de cédula.
ejércitos, interiorizada en gran parte de los centroamericanos, por razones harto conocidas.
En Costa Rica, como contraste a esta situación, hemos dado casi por un hecho que la democracia es un componente sanguíneo que se hereda genéticamente, de padres a hijos, y que se sostiene por sí sola, sin hacer nada para salvaguardarla. estas alturas de nuestra historia es cada vez más profundo el desconocimiento de cómo y por qué las generaciones anteriores dieron intensas peleas por instaurar un sistema que se fue perfeccionando a través del respeto a ese aporte que podía venir incluso de sectores políticamente antagónicos, en un largo proceso de enfrentamiento y conciliación nacional.
Mientras en otras naciones de Centroamérica el nacimiento de la paz se recibe como una esperanzadora posibilidad de mejorar sus condiciones de vida y poder alcanzar con los años niveles de educación, ejercicio democrático, salud y libertad similares a las de nuestro país, aquí empezamos a vivir un vertiginoso proceso de descomposición social marcado por el ensanchamiento de la brecha social y la política del porta a mi. que tan bien refleja el egoísmo colectivo de una sociedad acostumbrada a la bonanza.
Por eso, cuando se habla de concertación nacional, de lograr un consenso entre los diferentes sectores de la sociedad para establecer las reglas del juego en la definición de una identidad ante el siglo que viene, no se trata de mera palabrería sino de una profunda y dolorosa revisión de lo que somos y, sobre todo, de lo que no somos.
Acostumbrados a que la democracia es un ejercicio electoral y nada más, indiferentes ante la cada vez más dificil supervivencia de nuestros semejantes, los costarricenses vamos a la deriva, creyendo que navegamos por un mar calmo e ignorando que estamos sujetos a las olas traicioneras de nuestra propia superficialidad.
La paz no es una palabra destinada a aquellos pueblos que dejaron sus armas y tratan de iniciar una nueva convivencia.
También representa saber cómo trascender el estancamiento para retomar un camino que se inició generaciones atrás.
Educar para la paz es una tarea inmediata para los costarricenses, no solo para nuestros hermanos de Centroamérica.
Si de algo podemos estar seguros hoy, es que nada está asegurado y, si no asumimos el reto con nuestros hijos, nadie nos garantiza que Costa Rica no sea escenario de terribles confrontaciones, originadas en esta apatía colectiva que hemos creado en los últimos anos.
Nada es tan frágil como la paz.
Quando nos preguntamos, inevitablemente, que podemos esperar de un nuevo año, surgen innumerables respuestas, generalmente vinculadas a nuestros íntimos deseos de bienestar, pero pocas veces relacionadas con el mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad en que nos desenvolvemos.
En las últimas semanas, a raíz de una serie de entrevistas sobre el tema de la paz, he podido sentir que para los expertos en esa materia, la ausencia de guerra definición tradicional de la paz es un término obsoleto y, en el mejor de los casos, un mero preámbulo para que una sociedad alcance condiciones aceptables en lo económico, lo político y lo social.
En ese sentido, la pacificación de Centroamérica, que este año ha sido centro de atención mundial con la firma de acuerdos en El Salvador y el Nobel de Paz a la indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, abre la puerta de la esperanza para que la región pueda empezar a pensar en la paz como una forma de vida, no ya como una utopía casi inalcanzable.
Pero para lograr eso hará falta una intensa labor, porque las heridas de estos años tardarán en restañar. Solo podrá hablarse de una recuperación en la medida que las naciones de la región apuesten a la democracia, reconociendo que con sus limitaciones es aún el sistema político más valedero para lograr la representatividad de los distintos sectores sociales.
Se inicia así un proceso donde el respeto a la vida, a los derechos y a la libertad deben ser aprendidos por sociedades que, como bien señalaban los politólogos costarricenses Luis Guillermo Solís y Francisco Barahona, están cansadas de vivir una cultura de la violencia, pero donde no existe credibilidad en las instituciones democráticas y hay una ideologia militarista que trasciende a los La prensa extranjera es muy meticulosa en ese aspecto. Recuerdo que en 1958 yo estaba destacado en Nueva York como representante de Costa Rica ante las Naciones Unidas, cuando fue electo presidente don Mario Echandi. Uno de los primeros telefonemas que recibí fue de la revista Time, que deseaba saber si el nuevo presidente era conocido como Rchandi o como Echandi Jiménez, pues deseaban referirse a él correctamente. He aquí una pregunta que vale hacerse ante cualquier personaje costarricense.
El otro tema es lingüístico. En el ensayo de Patricia Vega (p. 124. me encuentro una construcción que cada vez es más frecuente en Costa Rica (todavía no la he hallado en autores extranjeros. Copio: Otras mercancías no eran tan sen.
cillas de colocar en el mercado. El adjetivo se: cillas es claro que no se refiere a las mercaderías sino a su colocación. Como la colocación está en la frase mediante un verbo, la sencillez debería, creo, ser un adverbio y no un adjetivo, en esta forma: Otras mercaderías no era tan sencillo colocarlas. Los filólogos, que si saben, dirán si tenIgo razón.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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