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3772 PÁGINAS ILUSTRADAS. Lefevre habló después con el sprit y galanura en el característicos, y su discurso, según la autorizada opinión de Aizpuru Aizpuru, le acredito como el Chaney Depet panameño.
Don Julio Fábrega pronunció frases elo.
cuentes y nutridas de conceptos liberales y progresistas. Don Santiago de la Guar dia recitó un bellísimo soneto lleno de unción religiosa; Don Isidoro Hazera im provisó un cuarteto que le acredito como gran repentista.
Por indicación de don Antonio Burgos, seguida de aclamación general, púsose de pie el Doctor Don Ramón Valdés. Presidente del Ateneo, recitando de manera magistral un clásico soneto escrito por el hace doce años en la capital de Colombia.
Los doctores don Eusebio Morales y don Carlos Mendoza, don Samuel Lewis, don Angel Maria Herrera, don GuiIlermo Andreve, don Aizpuru Aizpuru, don Juan Sosa don Héctor Conte don Nicanor Villalaz y don Julio Arjona, unos en prosa florida y elegante, y otros en pulidos versos, hicieron alarde de ingenio y de ilustración sobresalientes para manifestar la intima complacencia sentida por los comensales durante la espléndida fiesta realizada en honor del poeta nacional don Justo Facio.
También recibió el poeta varias felicitaciones de los ateneistas que por motivos justificados no pudieron asistir personalmente, entre los cuales recordamos cinco cuartetos endecasílabos de Zacarías Carbo (Clarin Ete) y cartas, y tarjetas de otros miembros del Atenco.
Mañana publicaremos algunas de las composiciones citadas por impedirnoslo hoy la falta de espacio.
El banquete terminó a las once y cuarto de la noche en medio de la satisfacción experimentada por los circunstantes durante todo el acto. De El Diario de Panam. DISCURSO pronunciado por el señor don Antonio Burgos, Vicepresidente del Ateneo de Panamá, en el banquete con que este Centro obsequió al señor don Justo Facio, Presidente del Ateneo de Costa Rica Señores: Dice Droski en su erudito estudio sobre el movimiento intelectual de los países del Norte y propósito de la obra tendenciosa de Ibsen, que el instinto de con servación en los pueblos tiene exteriorizaciones sublimes en su inofensividad, tales como la resignación del heroismo. es verdad.
Cuando la resistencia material es impo.
sible, entonces el espíritu busca refugio en lo intangible de sus aspiraciones y, sin enojo, palpamos la hostilidad de la suerte cuya amargura señala el desfile de los eternos éxodos. Lo inevitable del fin nos lleva al estoicismo y asi cantamos nuestra propia muerte, regando con flores la senda transitada.
La forma más adoptada instintivamente para esa resistencia espiritual de la raza ha sido la de los banquetes y las fiestas ale: gres, desde aquellas que se ofrecieron en las criptas pestilentes de los cementerios

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