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LA REPUBLICA. Domingo 10 de abril de 1983 11 Comentario dominical Hemos visto al Señor Vacaciones La experiencia de Cristo Resucitado en sus discípulos se va realizando paulatinamente; por medio de las apariciones del Señor van tomando conciencia de que Cristo vive, que ya no se puede contar entre los muertos. Todo esto les lleva a darse cuenta del triunfo de Jesús sobre el pecado y por ende sobre la muerte, hasta llegar al punto de proclamar abiertamente la Resurrección de Jesús y la vida nueva que El trae a todos los hombres.
De la misma manera nosotros debemos, en todo momento, vivir la experiencia del Resucitado. Si partimos del hecho fundamental y de todo el significado de la resurrección, es hora de iniciar con la fuerza de Jesús una vida nueva. También nosotros contamos con signos que nos están manifestando la presencia de Dios en medio de nosotros. Aún más cada creyente debe convertirse en un signo vivo y manifiesto del Cristo Resucitado que vive en cada uno de los creyentes.
Sin lugar a dudas el mundo necesita de signos de resurrección, no podemos negar los signos de muerte que nos rodean: la injusticia fruto del pecado y todas sus demas consecuencias son manifiestas entre nosotros La vida de los creyentes debe convertirse, por sus obras concretas, en la manifestación del Cristo Resucitado que el mundo necesita para reconocer que El vive en medio de nosotros.
Lic. Luis Fernando Moya que poco a poco, se va metiendo, por así decirlo, dentro de la línea horizontal de un mar que en ese momento pareciera arder, tal la colaboración de sus aguas. posteriormente, la penumbra tras si.
Los problem as económicos provenientes, sobre todo, del alza en el tipo del cam bio del dólar, además de la inflación que aqueja a muchas naciones, entre ellas, la nuestra, ha revertido, a la postre, en una actitud positiva y es el disfrute de las Vacaciones en el propio territorio nacio nal. De todas maneras, en lo que a mi concierne, siempre me ha gustado más quedarme en el país, y salvo unas tres o cuatro ocasiones en que he salido, espo rádicas, todas, así lo he hecho.
Recientemente en compañía de mi familia visité a la provincia de Guanacaste, concretamente a Playa Hermosa y debo confesar que, ese corto tiempo en esa zona que como su nombre lo indica y señala, es hermosa, plenamente hermosa, me lleno de un gozo y una satisfacción, tanto que hoy sentado en mi oficina, cuando medito sobre ello, la recuerdo con nostalgia y una sonrisa en mis labios. No es pa ra menos. La presencia del Océano Pacífico, con toda su manifestación de grandiosi dad, recortado contra una bahía amplia y generosa, conteniendo dentro de sus brazos agudos y largos de peñascos flacos y poblados de aves de todos los tamaños, la tranquila costa, en donde el azul de las aguas se confunde con el cielo que muestra unas cuantas nu becillas blancas raudamente empujadas por el viento lejano y apenas percep ti ble. Mirar la explosión rítmica de las blancas olas en su in terminable extensión sobre la arena brillante y se dosa y ver cómo llegan y sa len pequeñas em barcaciones con sus mo tores fuera de borda que su rc an altivos las aguas, dejando tras sí una estela y un tri llo espumoso que pronto desaparece en un afán de borrar la herida que fugazmente aquellas dejaron en el mar. Todo esto, más una sensación de calor y de sol que acaricia la piel expuesta y recpetiva, es lo que le hace a uno sentirse bien, realmente bien, con una vivencia absoluta en la que la alegría y la satisfacción ocupan los sitios de una mente que el resto del año se la pasa atareada por los problemas y la rutina de un trabajo desgastadores.
Las vacaciones deben servir como fuentes o depósitos de imágenes que más tarde, cuando se esté en las tareas coti dianas, le sirvan a uno para, sacándolas de la memoria, aflorarlas en la superficie de la mente y hacer uso de esos recuerdos tran extraordinarios. Un paisaje bucolico y encantador que hubiera saturado nuestros sentidos, podría ser más importante en el fragor de la lucha diaria, que cuando se tiene a la mano. por ello, lo importante, es que cuando se esté en presencia de un panorama precioso, que em bele za nuestros sentidos, se debe absorber en form a plena y absoluta todos y cada uno de los detalles y depositarlos en la memo ria para que más tarde lo recordemos con la mayor precisión posible.
Una nostálgica despedida del último peda cito del astro, el am arillo rojizo de los entornos y la penumbra. Con ella el silencio, ese silencio elocuente y solemne de las grandes cosas y finalmente, una sensación de paz y tranquilidad que adorme ce nuestro cuerpo.
Fray Nelsea Castillo Valle Las opiniones que contienen los artículos que se publican en esta página, son las personales de quienes las firman y no coinciden, necesariamente, con las del periódico.
El año del jabalí Con la noche aparecen las estrellas. Tal pareciera que estuviera esperando a que el orgulloso sol se alejara, para salir, misteriosas, rutilantes y tem blorosas allá en lo infinito del Cielo. Tantas, que parecieran los plateados adornos del vestido de alguna princesa de hermosa figura. Mirar hacia ellas, en tregarse al sueño que significa el pensar a cuánta distancia se está de su existencia, representa olvidarse de nuestra propia vida y transfigurarse un poco hasta convertirse en un ser que tiene más de espíritu que de carne, aunque con esta última se manifiestan nuestros sentidos.
Todo esto lo encontramos en este pequeño terruño. Sin necesidad de tom ar un avión o un barco para desplazarnos a le jan as distancias. Simplemente saliendo de nuestras ciudades y yendo en busca de nuestras costas bañadas por océanos cristalinos y tranquilos, como cristalina y tranquila, a pesar de todo, aún sigue siendo nuestra Costa Rica. Es cuestión de querer llenarse de calor, de querer sentir el sol fatigando nuestra piel, en fin, de tener voluntad para ir a escuchar el candencio so sonido de las olas reventando y dejando tras sí una espuma blanca y cálida. El hacerlo, tonifica nuestro corazón y nuestra mente. Les da un alivio y una fuerza para la lucha que ha de emprenderse y así poder resitir los em bates de una vida que a ratos se nos antoja dura y acongojante.
25 de febrero de 1983.
Es así como no podré olvidar las puestas del sol en Playa Hermosa. Un sol enorme, que se deja ver sin maltratar la vista y El año 1983 corresponde, en los antiguos calendarios orientales, al Año del Cerdo Salvaje, Año del Jabalí, y más criollamente oh, astrólogos en el Año del Chancho de Monte. El ciclo actual empezó en 1911, se cierra este año, empezando el 13 de febrero hasta el 1o. de febrero de 1984.
Según unos horóscopos, es un año signado dela transformación de lo superior en los inferior y del abismamiento en lo perverso. Según otros, es un año ambivalente por una parte simboliza un período de rápidos cambios y tomas de conciencia a nivel colectivo, por otro representa el desenfreno de las fuerzas humanas. Cierra el ciclo comenzado con el ascenso del nazismo, en cuanto a difusión de ideas de interrogación, para un período histórico que se llega hasta 1996.
Siendo el jabalí un animal sagrado, por ejemplo: era la encarnación de Vishnú, su jerarquía es superior a la del dragón pero inferior a la del león. Es un símbolo muy relacionado con las antiguas tradiciones célticas, principalmente con los druidas, el cual lo consideraban un animal sagrado.
El año de Jabalí indica un nuevo resplanteo político, según las órdenes establecidos por Cristoff, en que el fuego sustituye al agua y la política, y sus consecuencias se sitúan por encima de los valores humanos. La crisis de los países petroleros se hace más evidente y las naciones, luego de tensiones internacionales, vuelven sobre sí mismas la mirada para concertrarse en su propio desarrollo. También en ese orden, exógeno, la política plantea la caída de un orden internacional, originado durante la Primera Guerra Mundial, y el surgimiento y ocaso de figuras de mentalidad totalitaria.
La humanidad, cansada del descontrol de las ideologías, empieza a aspirar, conscientemente, a la paz universal y Alfonso Chase la mentalidad guerrerista retroce, fijando el hombre sus perspectivas, en evitar la destrucción de la Tierra por medio de catástrofes ecológicas propiciadas por el mismo ser humano. En el orden universal las ideas más progresistas consiguen abrirse campo, de la izquierda hacia el centro y es evidente el periclitar del hegemonismo norteamericano, que empieza a buscar la causa de sus problemas dentro de su propia casa. En Europa surgen nuevas ideas con nuevos personajes y se empieza una política de diálogo entre las diversas potencias, por presión e iniciativa de grandes masas de población que quieren disfrutar de la paz.
Es un año de gran disposición intelectual, con autoridad para ejercer nuevas ideas, las cuales cierran un ciclo del pensamiento humano. Es también el año en que la máquina, como cercano colaborador del hombre, adquiere gran importancia, sustituyéndolo en muchos aspectos. Según el horóscopo vietnamita, es un año en el cual se dan grandes movilizaciones de masas, y el renacimiento de la religiosidad, en gran escala, nos hace referirnos a lo que a principios del año 000 de nuestra era los antiguos llamaron: en Pos del Milenio. La Ley Periódica de la Historia (LPH. tan acertadamente estudiada por Cristoff, parece remitirnos, en el ámbito americano, al desarrollo de nuevas conciencias ideológicas, ya no tributarias de las grandes metropolis, sino nacidas de nuestra propia iniciativa. La derecha, institucionalizada, deja paso a nuevas formas de gobierno que luchan entre lo totalitario y lo plural, pero siempre tienen como centro al hombre. La iniciativa individual, en grandes sectores está definida por el espíritu colectivo, por el desplazamiento de los problemas personales hacia una mentalidad más solidaria. Israel emerge, en la historia de la humanidad contemporánea, como uno de los puntos más azarosos de discordia, en medio del aislamiento mundial y la caída del gobierno, principalmente después de julio. En los países de Europa Oriental se dan grandes cambios que transforman ideas que antes se tenían por inmutables.
1983 es, entonces, un año de grandes contradicciones y ambivalencias. Año que cierra y abre ciclos, sostenidos, éstos, por la energía visible de las gentes, que adquieren rostro colectivo, para salvarnos de nosotros mismos.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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