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Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 13 de marzo de 1988 Por: Arturo Uslar Pietri L hombre de la calle noción, en vísperas del crash hapuede comprender se bía llegado al extremo de que a mejante hecho y, en su los precios de cotización de la natural incomprensión, bolsa las acciones de las emprehay mucho de sentido común. sas más prósperas no producían Para el hombre de la calle, como más de ó por ciento anual de para casi toda la humanidad has dividendos, lo que es irrisorio, peta el siglo pasado, la riqueza con ro se continuaban vendiendo casistía en cosas, cosas que se mi da día a mayores precios porque den se cuentan y se pesan, co cada nuevo comprador tenía la mo el oro, las cosechas, las tie certidumbre de revender pronto rras, las mercancías o los anima a un precio mayor. Era evidente les de cría. Si alguien perdía su ri que semejante castillo de naiqueza no podía ser sino porque o pes, que no reposaba sino en estro la había tomado para sí, bien peranzas y atisbos, no podía fuera el rey o un rival más astu sostenerse indefinidamente. Lo to, pero la riqueza misma no de que en realidad se estaba vensaparecía, simplemente pasaba diendo y comprando en la bolsa a otras manos. Pero ahora se eneran esperanzas, valores psicocuentra con que la riqueza pue lógicos, sin base cierta y real.
de desaparecer, súbitamente, Algo que reposa sobre una sin dejar huellas, sin pasar a o base tan volátil como las convictras manos.
ciones, las premoniciones, las El hombre de la calle no com proyecciones o las esperanzas, prende porque se trata de un he no puede sostenerse. El alto precho absurdo. Es el resultado de cio de las acciones dejó de ser el la evolución de la actividad eco de su rendimiento real para connómica que ha terminado, prácti vertirse en el de la confianza en camente, por disociar el valor de una ganancia especulativa.
la riqueza. Los bienes y los serviCuando la carrera se detucios han terminado por ser una vo, por muchas causas, como tecosa distinta del valor que se les nía que detenerse, y la expectatiasigna, o de su capacidad de savas de ganancia se trocaron en tisfacer necesidades. En los vie expectativas de pérdida, los prejos tiempos, de la moneda de oro cios de las acciones se derrumy de los empresarios individua baron verticalmente, como lanzales, se podía saber con quién se dos a un abismo. Las empresas trataba y sobre qué se trataba. representadas por las accioes No había mucha diferencia entre no habían sufrido ningún revés, mil escudos de oro y mil escudos no habían dejado de ser productien mercancías. Con la aparición vas y prósperas, pero ya nada tede la sociedad anónima y de la nía que ver su valor real ser propropiedad por acciones todo eso ductivas y prósperas, pero ya nacambió pronto y radicamente.
da tenía que ver su valor real con En buena teoría quien com aquel otro fantástico que la espepra una acción de la fábrica Ford culación desenfrenada les había se hace propietario, en la propor hecho alcanzar. Lo que se estución de su acción sobre el capi mó ese día no fueron en realidad tal total, de un aparte de la em 500 mil millones de riqueza real, presa, es decir, se asocia a ella sino la gigantesca suma aérea para participar en los beneficios de las promesas de la especulaque obtiene con su actividd in ción.
dustrial. Cuando surgieron las Lo más grave es que esta inbolsas de valores la situación comensa disminución de valor menzó a cambiar. Ya la gente no constituye una pérdida real para compraba una acción para hacer multitud de inversionistas, aunse, en alguna forma, socio de uque nada tiene que ver con la na empresa próspera y participar buena marcha del rendimiento de en sus beneficios por medio de las empresas, va a afectar a éslos dividendos, sino más bien tas porque va a disminuir, inevitacon la esperanza de que subiera blemente, el nivel de bienestar su cot ón en bolsa y pudie general, el volumen de ventas y el nivel de empleo.
na ganancia.
La magnitud de la catástrofe Allí comenzó a disociarse deberá hacer pensar a los gobierprogresivamente el valor real de nos del mundo entero en la necolas empresas de sus acsidad de buscar alguna forma eficaz de limitar la especulación y sa que las emitía estuviera ga casino de la bolsa, en el que, extrañamente, no se juega dinero videndos, sino, sobre todo, por contra dinero, sino dinero contra esperanzas, y es la humanidad manda del público por esas ac entera la que gana o pierde sin ciones las haría subir. La situa estar en el juego. EFE. COMPRAR VENDER ESPERANZAS El hombre de la calle se enteró con asombro, el ra venderla pronto con una buedía siguiente del crash de la Bolsa de Nueva York, de que en esa jornada frenética se habían evapora cionon beau sa celormadest olublar con do más de 500 mil millones de dólares. Literalmente la bolsa no sólo porque la empre de ponerle freno a ese inmenso se habían desvanecido como un espejismo. Nadie se nando más y pagando mejores dilos había llevado, no estaban ya en ninguna parte si que había la certeza de que la deno que, sencillamente, habían dejado de ser.
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