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Domingo 24 de Octubre de 1993. VENTANA 3C Edición Especial BIBLIOTECA NACIONAL LA INCREDULIDAD REINANTE tes a humanidad vive una época de transición. Con frecuencia menos salva del engaño, de la ingenuidad burlada o de la comhemos comentado que un período de la historia ha llegado a plicidad benevolente.
su final, sin que nuevos valores, hombres e instituciones, Esta actitud profesional coincide con la poca credibilidad reemplacen a los que han perdido vigencia. Hay, por lo tan del público respecto a las opiniones de los funcionarios, de lo to, una pérdida general de fe.
que informan los mismos medios de comunicación, y en geneEn nuestro oficio de informar, el trabajo de hacer caer ve ral, en todo el que ejerce tareas de conducción en la sociedad.
los y caretas para conocer la verdad, es más arduo que nun Pero lo más grave es que la falta de fe reinante es univerca. Nuestra lucha contra lo aparente, contra lo que carece de sal, ocurre en todas las naciones. Las actitudes valiosas, las valor, es constante y más compleja que en épocas normales.
y cosas buenas que suceden todos los días, se olvidan cuando Los periodistas terminan asumiendo una actitud escépti deberíamos buscar alguna forma de afirmación de lo que es ca que los ayuda a tener un juicio cercano a la realidad de las positivo, como equilibrio de una frustración general y absocosas, como actitud cognocitiva. El escepticismo no es agra luta que sentimos tocando a la puerta.
dable, porque está lleno de la inseguridad de la duda, pero al (24 setiembre 1993)
RODRIGO FOURNIER RODRIGO FOURNIER, IN MEMORIAM UNA HUELLA PROFUNDA Alvaro Chaves Presidente Ejecutivo D Uno de las últimas reflexiones de don Rodrigo, y la opinión de José Manuel Gutiérrez y don Alvaro Chaves José Manuel Gutiérrez Vicepresidente Ejecutivo recuerdo que tenemos de don Rodrigo Fournier es diferente de acuerdo al momento en que se cruzaron nuestros caminos. Algunos habían ya compartido con él en las aulas o en alguna de las muchas actividades a las que estuvo vinculado a lo largo de su intensa vida. Otros, en cambio, lo encontramos hace poco desafortunadamente hace muy poco tiempo y a ese corto pero intenso periodo quiero referirme en esta nota.
Corría el mes de mayo pasado y nos enfrentábamos a la vacante que causaba la renuncia presentada por el director del medio. En una de las sesiones de trabajo en la que se discutía la situación, alguien puso a don Rodrigo como ejemplo del perfil que debería tener el nuevo director.
Recuerdo bien que adopté el ejemplo como meta y, consultados los demás compañeros, le llamé para pedirle una reunión que tuvo lugar uno o dos días después. Lo visité en su casa, de la que salía poco por estar todavía convaleciendo de una operación en la espina dorsal y, en medio de una cálida conversación, le informe de la finalidad de la visita.
Me advirtió de su convalecencia y de su poca experiencia en presa escrita, pero me pidió unos días para responderme. Salí esperanzado, pues la idea parecía no haberle disgustado. Me preparé para esperar una semana, pero la respuesta vino dos o tres días después.
Acudí de nuevo a su casa y me recibió sonriente para comunicarme que aceptaba. Veía en la oferta la oportunidad de completar su periplo por todas las áreas del periodismo y le interesaba el reto. Emocionado, le agradecí mucho que así fuera y, después de ponernos de acuerdo en algunos aspectos de la contratación, convinimos en la fecha de inicio de su gestión.
La mañana en que fui a recogerlo para llevarlo al periódico, era otra persona. El bastón ortopédico había sido sustituido por otro más liviano, y me recibió sonriente y optimista. En el periódico lo esperaba toda la redacción, con quienes mantuvo una reunión que, en medio de la desafortunada campaña desatada por algunos medios a raíz de la renuncia del director anterior, trajo un mensaje de tranquilidad y sobre todo de rumbo cierto.
Los meses que siguieron serán inolvidables. Cada reunión con personalidades de la política, agencias de publicidad y clientes del periódico estuvo llena de muestras de respeto para don Rodrigo y de enseñanzas para los que estuvimos junto a él. Siempre oportuno, siempre acertado.
De sus agudas observaciones partía la línea temática de la conversación. Pero de donde recibimos más de don Rodrigo fue en las reuniones de trabajo, muchas de ellas cortas y concisas, pero no por ello menos llenas de conocimientos. Allí estaba en su plenitud el hombre sensible a los intereses de la empresa, a los de sus colegas y a los del medio como tal.
Cuando ayudaba a sus hijos, nietos y sobrinos a trasladar su féretro, en medio de la tristeza de la ocasión, recordé el principio de que todos somos sustituibles. personas como a don Rodrigo Fournier difícilmente lo vamos a poder sustituir jamás.
on Rodrigo fue una de esas personas cuyo paso por la vida dejan una huella muy profunda. Si bien es cierto que tuvmos una corta relación, sobre todo de índole profesional, derivé de esta relación grandes y profundas enseñanzas, no solo profesionales sino sobre todo morales, intelectuales y humanas. Don Rodrigo era además una de esas personas con cuyo contacto crecemos intelectual, moral y espiritualmente.
Después de conocerle entendí perfectamente por qué todos sus colegas y quienes le trataron y tuvieron la suerte de comy partir con él le llamaban maestro.
Algunas personas me han preguntado como fue que don Rodrigo llegó a la Dirección de La República, porque consideran esta llegada fortuita, casual. Nada más alejado de la realidad. La llegada de don Rodrigo a La República era inevitable.
La República, en materia editorial, descansó durante algún tiempo en los hombros de dos pilares del periodismo costarricense: don Alberto Cañas y don Rodrigo Fournier. Tanto CHISPORROTEOS como REFLEXIONES han sido tema de lectura obligatoria para quienes somos lectores de La República.
En momentos en que La República requería de Dirección, pero no de cualquier Director, sino de alguno que tuviese la estatura moral, intelectual y profesional suficiente para conducirla a puerto seguro en medio de la tormenta que atravesaba a raíz de diversas circunstancias de las cuales no quiero acordarme, pensamos en dos Alberto y en don Rodrigo. Cuando le planteamos la idea a don Rodrigo, se entusiasmo muchísimo al grado que la aceptó de inmediato.
Sería la mejor culminación a su larga carrera periodística, nos dijo. don Alberto nunca llegamos a plantearle la idea porque de todos modos sabíamos que empezaba a transitar nuevamente por los caminos de la Política, en el mejor sentido del término y con la gran estatura que le caracterizaba.
Don Rodrigo se enamoró de la idea, e hizo suyo el reto de llevar a La República a buen puerto.
La llegada de don Rodrigo Fournier a La República, en calidad de Director, ha sido de los acontecimientos más importantes y quizás uno de los que más han beneficiado al periódico.
Don Rodrigo no pudo llegar en momento más oportuno. Su presencia nos infundió a todos quienes trabajamos en La República nuevos bríos y nos señaló un renovado propósito existencial: darle a este país y a todos sus habitantes el mejor periódico posible Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.