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Salada desde 824: LA REPUBLIC. 2217. 65 Opinión Estrellas que mueren CHISPORROTEOS URIEL QUESADA ALBERTO CANAS Continúo con mi tema de ayer: el libro EL RIO SAN JUAN EN LA LUCHA DE LAS POTENCIAS (1821 1960) de Clotilde Obregón.
Hay un aspecto en este libro, que no debe pasar inadvertido para nadie, y es la relación que hace de la admirable labor diplomática que realizaron en Washington nuestros representantes, Felipe Molina y luego su hermano Luis, paradig.
mas de patriotismo y de dedicación inteligente al servicio de Costa Rica.
River Phoenix murió la misma noche que Federico Fellini. En común, quizás solo tenían la condición de ser hombres de cine. Fe.
llini todos lo consideraban un maestro, su carrera había superado todos los altos y bajos de una vida, y ya estaba terminada, Phoenix era apenas una promesa, tenía en su curriculum un puñado de películas buenas, pero apenas levantaba su leyenda junto a otros actores como Brad Pitt, o como en su tiempo lo hizo James Dean. La muerte de Fellini se esperaba, después de los graves problemas de salud que arrastraba, y por su edad. La muerte de River Phoenix no era siquiera una posibilidad a considerar, sobre todo teniendo en cuenta los hábitos que después señaló la prensa: vegetariano, abstemio y amante de los animales. El director de cine italiano dejó de vivir rodeado de atenciones en una clínica italiana.
El joven actor estadounidense cayó en medio de convulsiones en una calle de Hollywood: habia ingerido un coctel de drogas letal.
Cada uno de ellos sirve como punto de referencia para generaciones distintas, quizás también para sociedades opuestas. Federico Fellini ascendió al cielo de la genialidad, tuvo a la fama bajo su pie y sus luchas estuvieron siempre alrededor de tener la adecuada libertad creativa para expresarse cómodamente. Sus películas, hoy, forman parte del acervo cultural del mundo.
River Phoenix quizás sea olvidado pronto, se dira. qué lástima, la misma sombra de James Dean. y cada quien irá a otra. Durante un tiempo, quedará también la duda de cómo es posible que alguien, a las puertas de la vida y del éxito material, aventure a destruirse de tal manera. Algunos artículos afirman que River Phoenix es una víctima más de la maquinaria de estrellas de Hollywood, capaz de llevar a la gente desde sus ilusiones más inocentes hasta el fondo de la confusión y del divorcio con la realidad, capaz también de crear una nueva estrella en poco tiempo y deshacerse de ella si las circunstancias lo ameritan. Pero la Máquina de Sueños no está aislada de un contexto, como tampoco lo estuvieron las ol maestras de Fellini de cincuenta y sesenta, nosotros somos parte de ese entorno. Nada muestra mejor la terrible enfermedad del consumismo como el espectáculo: muchas veces vale por sí mismo, sin importar un contenido, una idea que quede en el público; es breve, por ello intenso; exige emoción constante; es irrepetible, pues ya una vez presenciado, pierde la mitad de su encanto, si además está destinado a lo más superficial del público, queda solo un vacío inmenso. La Máquina de Sueños controla el ochenta por ciento del mercado cinematográfico de Europa. En materia de televisión, es probable que su presencia sea mayor. En un país como Costa Rica, la razón debe superar nueve décimas de todo el producto audiovisual que tenemos a la mano. La manera idónea de equilibrar ese consumo, la producción nacional, carece de apoyo; lo poco que vemos en televisión o escuchamos no siempre es lo mejor. Por ello somos clientes pasivos de la Máquina de Sueños. de todos sus vaLa República songe la lores, y de sus reglas de creación y destrucción.
Una de las películas de River Phoenix es Stand by me. En ella, interpreta a un chiquillo descarriado, pero con una gran sensibilidad sobre su situación y el futuro. El narrador cuenta que muchos años después del momento en que termina la historia del filme, el personaje se convierte en abogado y muere en un bar, cuando trata de separar a dos hombres en una riña. En cierto sentido la película resultó profética, solo que la muerte de River Phoenix careció de nobleza y gloria, dos valores que de.
beríamos considerar como sociedad.
Pero su labor, por más denodada y sabia, no podía dar los frutos necesarios. Es un hecho que las fechorías de Walker contaban con el apoyo de la opinión pública norteamericana, y que el gobierno de Buchanan apenas si daba un cumplimiento simbólico a las leyes de neutralidad, esperando hipócritamente que de alguna mane ra Walker entregara el trofeo que se proponía.
Clotilde Obregón ilustra muy bien como los éxitos militares de Costa Rica frente a Walker (Santa Rosa y el San Juan principalmente) no le atrajeron ninguna simpatía a nuestro país en los Estados Unidos. De manera que, cuando debilitada Costa Rica por la guerra que sostuvo prácticamente sola, y diezmada su población por la peste del cólera, tuvo que arreglar sus problemas limítrofes con Nicaragua, obtuvo un triunfo acaso pirrico al conseguir que en el tratado Ca.
ñas Jerez se estableciera una frontera que reconocía la anexión de Guanacaste, pero hubo de ceder en cuanto al San Juan como frontera, y conceder la absoluta propiedad del río a Nicaragua, con los derechos de libre navegación para nosotros que los sandinistas saben.
Los firmantes de patio de agua Estemos claros: el heroísmo de la Costa Rica de Juan Rafael Mora lo reconoce la historia, pero en el mundo de entonces no nos atrajo simpatias. Eramos un paisecillo silvestre por no decir salvaje, que se entrometía en los designios y reparticiones de las potencias anglo parlantes. Es cierto que, años después, el Presidente Buchanan pretendió comprar a Mora ofreciéndole restaurarlo como presidente de Centro América, pero eso de ninguna manera tiene un significado que pueda interesarnos.
JOSE CORDERO CROCERI De algo, sí, nos sirvió en el futuro. La pérdida del San Juan como río fronterizo nos ha sido útil, porque quizás a. y a la entereza de nuestros gobernantes a partir de Mora debamos el haber sido en lo sucesivo el país de la re gión menos sometido a presiones y humillaciones, y el más respetado.
Algunos lectores amigos nos han reclama que en el artículo nuestro publicado en esta misma Sección el 31 de diciembre pasado, se omitiera la publicación de la lista de los firmantes del Manifiesto de Patio de Agua No obstante que en el párrafo inicial del mencionado comentario anunciamos que estimábamos de interés incluir también el nombre de quienes lo suscribimos, algunos de ellos ya fallecidos, para que pueda servir a algunos investigadores con el fin de determinar si han sido o no congruentes con sus postulados. sin nuestra autorización se eliminó toda esta sección, quedando el resto totalmente fuera de contexto, ya que en nuestro concepto, su tema central era casualmente la lista de los firmantes.
En vista de lo expuesto, hemos solicitado la publicación de este nuevo comentario, que deberá tenerse como adicional al antes mencionado.
La lista de los firmantes del histórico Manifiesto antes citado, conforme aparecen en su orden alfabético, es el siguiente: Armando Aráuz Aguilar, Antonio Arroyo Alfaro, Isaac Azofeifa Bolaños, Enrique Azofeifa Víquez, José Acuña Montenegro, Rodrigo Barahona Israel, Fernando Berrocal Soto, Jorge Blanco Soto, Francisco Calderón Solano, Alfonso Garro Zúñiga, Rodrigo Carreras Jiménez, Jorge Mario Castro Vega, José Rafael Cordero Croceri, Fer Coto Chacón, Mario Carvajal Herrera, Mario Charpantier Gamboa, Juan José Echeverría Brealey, Carlos Luis Fernández Fallas, Johnny Fernández Saborío, Rodrigo Fernández Vázquez, Eugenio Fonseca Tortós, Rosita Giberstein de Mayer, Paulino González Villalobos, Claudio Gutiérrez Carranza, Rodolfo Gutiérrez Carranza, Jorge Gutiérrez Gutiérrez, Rodrigo Gutiérrez Sáenz, María del Carmen Gutiérrez de Chittenden, Gonzalo Jiménez Chaves, Alvaro Jiménez Zavaleta, Matilde Marín de Soto, Ciro Montero Guevara, Francisco Morales Hernández, Francisco Morales Morales, Luis Alberto Monge Alvarez, Carl Neil Neil, Marco Nerin Hidalgo Badilla, Benjamin Núñez Vargas, Enrique Obregón Valverde, León Pacheco Solano, Carlos Pascua Zúñiga, Carlos Luis Rodríguez Hernández, Manuel Rojas Bolaños, Milton Ruiz Guzmán, Carlos Salazar Var.
gas, Jorge Solano Chacón, Rodolfo Solano Orfila, Enrique Soto Borbón, Gerardo Trejos Salas, Francisco Tacsan Lam, Carlos Villanueva Badilla, Jorge Luis Villanueva Badilla, José Manuel Villalobos Villalobos, Fernando Volio Jiménez, Rómulo Valerio Rodríguez, José Luis Vega Carballo, Jorge Urbina Ortega.
La historia, tan detalladamente contada por Clotilde Obregón, tiene un final irónico: entregado el San Juan por una Costa Rica sacrificada y debilitada (y nos quedamos pensando si no fue que lo canjeamos por Guanacaste. el río tomó su venganza, torció su rumbo, se introdujo en te rreno plenamente costarricense, y escogió una nueva desembocadura en un sitio indiscutible de nuestro territorio: la barra del Colorado. La naturaleza tiene maneras muy curiosas y circunvalantes de manifestarse.
Una observación final: en cada uno de los tres notables libros de Clotilde Obregón, aparece el nombre de la autora de manera distinta. Seria conveniente que eligiera un nom de plume definitivo, para que no se convierta en el dolor de cabeza de los bibliotecarios y demás estudiosos y del futuro, que pueden llegar a creer que se trata de tres personas distintas, aunque nosotros sepamos que es una sola y notable historiadora verу dadera.
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Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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