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Lunes 17 de Enero de 1994 LA REPUBLICA 21A Opinión La pobreza (1) CHISPORROTEOS RODRIGO CARAZO ODIO ALBERTO CANAS Aquella primitiva pero directa manera de hacer propaganda electoral en que de niño vi a don Julio Acosta, evolucionó con los años. en la funesta década de 1940 cobró un nuevo estilo.
Llegó la época de las movilizaciones masivas, de las concentraciones provinciales y nacionales, de los públicos ambulantes transportados en autobús cada domingo a escuchar los mismos discursos, tan sólo para que desde un tejado, los fotógrafos captaran vistas panorámicas de las gigantescas manifestaciones.
Si las fotografias no resultaban demasiado impresionantes, venía el retoque: el insertar caras pegadas con goma, en los intersticios y sitios vacíos, el duplicar las fotografías mismas o parte de ellas, y era de ver a los partidos atareados en el ameno rompecabezas de identificar rostros duplicados en las enormes panorámicas que el adversario publicaba cada martes.
IWE Después del 48, los partidos comprendieron que las reuniones de plaza pública deberían servirles de termómetro, y que era mejor sacar consecuencias de la asistencia, en vez de engañarse a sí mismos (que no al prójimo)
con públicos artificiales. Las fotografias de concentraciones retocadas fue uno de los argumentos que emplearon los culpables, para negar la comisión del fraude masivo de 1944.
La experiencia que se adquiere con los años de trabajo, tanto en el campo de acción privado como público, va dejando una estela de realidades que no es posible olvidar. Deseo referir mi experiencia frente a la pobreza.
Tuve la suerte de que mi infancia transcurriera a lo largo del decenio de los treinta, lo que me hizo vivir las limitaciones impuestas por aquella crisis, la cual fue seguida por el racionamiento sufrido por el mundo entero durante los años de la Segunda Guerra Mundial.
Costa Rica fue pobre siempre, con algunas familias como excepción, que concentraron riqueza mucho más allá del promedio nacional.
Era la pobreza del descalzo, del desnutri.
do, de quienes sufrían una esperanza de vida que a duras penas alcanzaba los cuarenta y cinco años. Era la pobreza de un pueblo sin seguridad social, sin vivienda ni esperanza de lograrla, sin colegios de segunda enseñanza, sin universidad. era la Costa Rica de unos pocos, en la que la tragedia social se disimulaba con frases pintorescas pero carentes de significado: todos somos hermaniticos (por ejemplo. La pobreza nuestra era la típica de América Latina. Terminó la gue.
rra mundial y, gracias a los cambios sociales y económicos ocurridos durante los cuarenta, se sembró la esperanza.
Costa Rica se distanció entonces de lo que eran sus hermanos centroamericanos. Arrastrando un lastre dejado por centurias de miseria, el país empezó a construir hospitales, viviendas, plantas eléctricas y caminos, cañerías y escuelas. La nación centró su atención en un combate efectivo a la pobreza. Costa Rica se puso a la cabeza de nuestra región. Negar lo anterior sería cosa de tontos; tener que probarlo con cifras, sería necesario solamente para los que no quieren ver.
Claro que aún vivimos la pobreza. Somos un país de los que son llamados en desarrollo.
Claro que en medio siglo no fue posible vencer todas las lacras arrastradas. Claro que no nos convertimos en nación rica comparable en las cifras que manejan los economistas con los países poderosos. Pero, eso sí, nuestra gente pudo ver que a sus hijos no se les caían los dientes como había ocurrido con sus padres, tíos y abuelos.
Costa Rica fue mejorando. De no tener luz eléctrica, pasamos a disfrutarla; lo mismo que los teléfonos y los comedores escolares, los centros universitarios, las clínicas y hospitales, y tantas otras cosas.
La pobreza existía, pero cedía poco a poco al progreso nacional. Cuando como vendedor de productos costarricenses viaje a lo largo de años por Centroamérica, pensaba. cuánto tiempo sería necesario para que nuestro ejemplo costarricense cundiera en esos países vecinos. Para ellos, sin embargo, la guerra producto de la desesperación popular llegó primero.
Claro que mucha gente seguía pobre en Costa Rica, pero se avanzaba. El país había aprendido a no dejarse vencer por los momentos dificiles. Habíamos tenido suficientes pruebas de que Costa Rica puede cuando quiere.
Mi experiencia frente a la pobreza se hizo más angustiante, no cuando vivimos la agresión financiera, comercial, política y petrolera de los años ochenta, sino cuando me percaté que la demagogia y la pereza rechazaban el sacrificio necesario y útil para vencer aquella crisis, y que adoptaban sin pensar siquiera en adaptar las fór.
mulas aparentemente mágicas del Fondo Monetario Internacional que recomendaba resol.
ver problemas fiscales y financieros a costa de las gentes de menores recursos.
Sin pensar en que aquellos remedios recomendados por el FMI y el Banco Mundial habían sido diseñados pa.
ra países que no habían logrado llegar al nivel que en ese momento tenía Costa Rica, hubo muchos políticos la gran mayoría que descartaron de un tajo el modelo costarricer se y le hicieron beber a nuestro pueblo la rece ta preparada para naciones que no habían tenido la suerte de Costa Rica, suerte que nos había llevado a superar muchos problemas aún vivos en esos países en los que unos pocos eran La República Jorgo illa dueños de todo y los de.
más carecían de todo. Se agotó el modelo costarricense. dijeron quienes se disponían a construir uno nuevo, olvidando todos los avances logrados. Inclusive los pobres fueron adormecidos por aquel canto de sirenas producido por un afán estimulado por varios sentimientos egoístas: el de los ricos que querían ser más ricos, el de los políticos irresponsables que deseaban que los organismos internacionales les resolvieran todos sus problemas sin tener ellos que hacer nada, y el de los economistas locales que aspiraban quedar bien con tales organismos, a los cuales ellos persiguen servir y complacer a cambio de jugosos salarios. Estos sentimientos egoístas dejaron de lado las conquistas de los costarricenses logradas a lo largo de medio siglo, y de un tirón nos lanzaron a un abismo similar al que sufren muchas naciones de América Latina. Les dio miedo pelear duro en búsqueda de nuestro propio ajuste y corrieron muchos a entregarse a quienes sólo buscaban la satisfacción de intereses que les conciernen en lo personal.
De allí nació la entrega total. a partir de ese momento el país dejó de ser nación para convertirse en provincia dominada por el FMI y los gobernantes dejaron de ser representantes de un pueblo soberano, para ser seguidores y agentes de los organismos financieros internacionales.
Los que pensamos diferente a ellos, pasamos a ser parias.
Entonces las reuniones de plaza pública comenzaron a tener el carácter cantonal que todavía tienen. Los partidos se limitaron a ofrecer transporte desde los distritos hasta la cabecera donde la reunión se celebraba, y las reuniones alcanzaron lo que podríamos llamar un tamaño natural.
Desaparecieron las enormes fotografias panorámicas. No sé si en la acera de enfrente, pero me consta que en la mía, hubo alguien: concretamente don Chico Orlich, que sagaz observador del pueblo, llegó a la conclusión de que las reuniones de plaza pública de todos los partidos atraían en cada cantón al mismo número de personas. Es decir; que el campesino costarricense estaba ejerciendo el derecho (que creo todavía lo ejerce) de escuchar a todos los candidatos antes de decidirse, y aun después de ha tomado la decisión.
Dentro de esa concepción casi revolucionaria se movió la política de plazas públicas en la década de 1960. La oratoria de plaza pública subió ligeramente de categoría, porque los oradores sabían que no le estaban predicando exclusivamente a los convencidos, sino que sus discursos algún valor proselitista poseían y debían tener algún poder de convicción. Porque en las reuniones estaban los indecisos.
Se acabaron las movilizaciones masivas, las caravanas de autobuses, y por supuesto las ridículas e inverosímiles fotografías panorámicas.
Pero en la década siguiente el asunto volvió a transformarse, tanto por razones tecnológicas como por una nueva concepción de la propaganda política basada en los presuntos hallazgos comunicativos que trajo la televi.
sión. Como ustedes ven, el tema me sigue gustando. pospongo otros para seguir con éste.
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اشتعلتنعمان Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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