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Domingo 13 de noviembre de 1994. VENTANA 5C Portada Caí en lo más bajo.
Tom Findlay, con quien Susan sostenía una relación amorosa, y que rompió con ella una semana antes de producirse la muerte de los niños. El ha negado haberla empujado a cometer el crimen.
La República AP Quería con tanta fuerza acabar con mi vida. Estaba en mi coche, dispuesta a precipitarme por la rampa al agua e hice la mitad del camino, pero me paré. Volví a avanzar, y volví a parar. Entonces salí del coche destrozada por los nervios. dijo Susan Smith, de apariencia dulce, en su confesión a la policía. Caí en lo más bajo cuando dejé que mis niños se precipitaran al agua por aquella rampa, sin mí. Empecé a correr y a gritar Dios mío, Dios mío. Qué he hecho.
Susan deambuló tres horas con sus dos hijos en el asiento trasero del coche pensando cómo quitarse la vida.
Según la policía, Susan observó cómo su hijo mayor intentaba salir del vehículo mientras este se sumergía en un lago cercano a la ciudad. Michael, de tres años, se despertó y ella lo observó como preso del pánico intentó escapar a la muerte. señaló la revista Newsweek.
La mujer se fue a una casa cercana a pedir auxilio, pero, en vez de hablar del lago y del coche hundido en las aguas, dijo que un hombre de raza negra la había atacado en un semáforo, que se había llevado su automóvil, con sus niños adentro.
Y, durante días, la intensa búsqueda de los dos niños se mezclaba con las intervenciones televisivas de la madre que pedía que le devolvieran a sus queridos bebés, hasta que estalló la horrible verdad.
Susan Smith confesó el asesinato de sus hijos ante las autoridades del Centro de Detención del condado de York.
La República AP Una mujer en problemas El propio Stuart lo identificó en la Jefatura de Policía en la primera ocasión que tuvo de salir del hospital, y los agentes respiraron con alivio por la solución del crimen, dado que incluso encontraron pruebas de la culpabilidad del detenido.
Sin embargo, meses después el caso dio un giro de 180 grados. Matthew, hermano menor de Charles, lo delató.
Stuart había asesinado a su mujer para cobrar su seguro de vida, pero antes de que fuera detenido, el hombre se suicidó lanzándose a un río helado de Boston.
En ambos casos, Stuart y Smith actuaron en forma muy parecida, con frialdad, haciendo declaraciones de palabra o por escrito en las que describían el horror y el vacío que atravesaban sus vidas por la ausencia de sus seres queridos. Susan Smith aparecía una y otra vez en televisión, la mayoría de las veces llorando, para pedir al secuestrador negro que le devolviera a sus queridos bebés.
Desde su cama de hospital, Stuart escribió un elegia para que se leyera en el funeral de su esposa Carol y de su hijo Alexander, que murió a los diecisiete días de ser extraído del vientre de su madre con siete meses de gestación.
Según los expertos, los casos de asesinato de niños por sus propios padres son más frecuentes de lo que uno puede imaginar, y se calcula que dos tercios de los menores de cinco años que son asesinados mueren a manos de sus progenitores.
Pero estos mismos expertos reconocen que, en general, la muerte es consecuencia de abusos, golpes o situaciones violentas que escapan del control del padre o de la madre.
En el caso de Susan Smith, no hubo violencia. Solo dos niños, atados con el cinturón de seguridad en el asiento trasero de un coche que se fue hundiendo Susan Smith tenía más problemas que los de una chica normal de su edad.
Su padre se suicidó cuando ella tenía años; se rumorea que, cuando rompió una primera vez con el que luego fue su esposo y padre de sus hijos, quiso quitarse la vida; se dice que tenía problemas de dinero.
Susany David Smith se casaron en 1991 y siete meses después nació Michael. Pero un año después de nacer el segundo niño, Alexander, la pareja se separó.
Susan empezó entonces una relación con Tom Findlay, el hijo del dueño de la empresa en la que ella era secretaria.
Una semana antes de la desaparición de los niños, Findlay le escribió una carta de ruptura a Susan. Findlay decía que quería estar con ella pero no estaba preparado para asumir la responsabilidad de unos hijos. raíz de la confesión de Susan Smith, Findlay publicó un comunicado diciendo que en ningún momento sugirió que los niños eran el único obstáculo para su relación.
Buena madre y buena chica, nadie sabe cómo Susan pudo haber cometido lo inimaginable, para luego inventar la historia de un malvado secuestrador que solo existió en su mente.
Aunque la policía fue prudente, al final no hubo dudas: ella sabía dónde estaban sus hijos.
Un momento emotivo.
Renée Roof, de años, observa una cruz de flores dejada en la orilla del lago John Long, donde los pequeños hijos de Susan Smith perdieron la vida.
La Republica AP en el agua.
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