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4. Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 25 de octubre de 1987 PANICO EN LA BOLS TUPA ARAL 100 457574 31533 Por: Joel Colton 8588847 2 CE 100 011 351676543 Seso TIUNITIES TUUNIT dicho valor bajaba, el crédito dejaba, automáticamente, de estar cubierto por una garantía suficiente, y la persona que había comprado con margen debía cubrir la diferencia con dinero en efectivo. pero el valor de las acciones no bajaba: subía constantemente, y nadie tomaba muy en serio dicha contingencia.
La bolsa suele entrar en calma durante el verano, lo que no sucedió en 1929. El indice de precios de los valores publicados por The New York Times subió 110 puntos en tres meses; en 1928, un buen año, el alza, sin precedente hasta entonces, había sido de 86, puntos en doce meses. En el verano de 1929 el volumen de las operaciones fluctuó entre cuatro y cinco millones de acciones al día, superando a veces dicha cifra. El crédito de los corredores por las compras con margen ascendían a razón de 400 millones de dólares al mes, y al terminar el verano sumaban 000 millones de dólares, para los cuales se había prestado con 15 de interés.
El 14 de octubre de 1929, el jueves 1014 STATY 0223T05234 OM 100 100 8816765432 BOOBS ENTE URANTE los diez años que siguieron a la terminación de la Primera Guerra Mundial, el mundo pareció volver a la estabilidad y a la paz. La ciencia y la tecnología siguieron haciendo rápidos progresos: fue en el decenio de 1920 cuando se pusieron en uso el celofán, los aviones comerciales, las películas sonoras y la radio casera. Europa se recuperó de la destrucción material producida por el holocausto de cuatro años. El capitalismo norteamericano estaba en auge, y lo mismo puede decirse de la economía de otros países, incluyendo a la derrotada Alemania. En los pequeños países europeos creados durante las conferencias de París, en 1919, se instalaron repúblicas y monarquías constitucionales.
15TNTE VALOR DE LAS ACCIONES 2200 2000 1800 1600 1400 1200 1000 800 600 400 200 100 M S pesar de su frenesl, la nueva economía de los veintes era muy distinta a la del mundo de la preguerra, y sus bases eran otras. En primer lugar, la Gran Bretaña no era ya el banquero del mundo. Habiendo tenido que adquirir material bélico y alimentos, e imposibilitada para vender sus propios productos, se vio obligada a recurrir a sus inversiones en el extranjero y a sus reservas de oro; contrajo deudas y perdió su sitio como fuente de capital, que fue ocupado por los Estados Unidos.
La economía norteamericana, por su parte, se vio estimulada por la guerra. Entre 1914 y 18 se triplicó el valor de sus exportaciones agrícolas e industriales. Al iniciarse la guerra, los Estados Unidos debían a Europa unos 000 millones de dólares; cuando terminó, quedaron convertidos en el principal acreedor del mundo, ya que los europeos le debían casi 10. 000 millones de dólares.
Aunque Europa perdió su preeminencia, el comercio mundial resurgió. En 1925, la producción mundial de alimentos y materias primas superaba en 16 el nivel de la preguerra (el incremento relativo de la población era solamente del y la producción de artículos manufacturados había crecido un 20. Los Estados Unidos conservaban el primer lugar adquirido durante la guerra; para 1928 producían más de las dos quintas partes de artículos manufacturados de todo el mundo. En el caso de las nuevas industrias vehículos motorizados, por ejemplo, correspondían a este país cuatro quintas partes de la producción mundial. Los norteamericanos, en particular, creían que todo iba bien en el mundo.
Cuando Herbert Hoover tomó posesión de la Presidencia en marzo de 1929, habló como si nada pudiese oponerse al progreso. Hemos alcanzado un bienestar y una seguridad jamás vistos en la historia del mundo. declaró. Habiéndonos librado de la pobreza general, tenemos mayor libertad individual que en cualquier otra época.
Marchamos hacia la formación de una nueva raza, una nueva civilización, grande por sus propios méritos.
Sin embargo, la estructura económica tenía sus fallas, y eran de tal gravedad que la economia mundial quedaría arruinada.
Entre otras cosas, las exportaciones norteamericanas de capital no eran tan constantes como lo fueron las de Gran Bretaña antes de 1914, la mayoría de los préstamos se concedían a corto plazo, lo cual significaba que su renovación dependia de la ininterrumpida prosperidad de los Estados Unidos. Además, el dólar se cotizaba muy alto, y el precio fue en aumento ya que, habiendo acumulado una considerable reserva de oro gracias a las ventas hechas a Europa durante la guerra, los Estados Unidos habían adquirido una moneda fuerte; los paises que carecían de oro sufrieron perjudiciales inflaciones e inestabilidad. Como las naciones europeas no podían pagar sus deudas más que con el dinero recibido de los alemanes por reparaciones de guerra, y como los alemanes sólo podían hacer estos pagos con préstamos norteamericanos, las finanzas mundiales quedaron encerradas en un círculo vicioso.
De los muchos defectos de la economia mundial, el más peligroso existía en la nación más próspera de todas: los Estados Unidos.
En Wall Street, en Nueva York, se erguía el símbolo mismo del capitalismo norteamericano: La Bolsa de Valores de Nueva York. Conforme la industria crecía y aumentaban los rendimientos, las inversiones en valores ofrecían magníficas perspectivas para quienes deseaban participar en su desarrollo. mediados del decenio de 1920 la compra de valores se convirtió en una verdadera fiebre. al aumentar la presión por las inversiones en los años finales de ese decenio, el precio medio de los valores negociados en la bolsa neoyorquina subió 25 en 1928, y 35 en los primeros meses de 1929.
El volumen de las operaciones subió en concordancia, habiendo alcanzado la cifra de medio millón de acciones por día en marzo de 1928, y aquella primavera no se oía hablar de la posibilidad de que dicho volumen alcanzara los millones. Los alcanzó en junio. Cinco meses después, el 16 de noviembre de 1928, ocurrió algo que no tenía precedentes: cambiaron de mano en un solo día, seis y medio millones de acciones.
Para entonces, las inversiones habían alcanzado un peligroso grado de especulación. Prácticamente el mercado de valores operaba sin reglamentación alguna o, lo que es peor, se operaba mediante un sistema de créditos excesivamente fáciles, lo cual se conocía como compras con margen. cualquier especulador podia adquirir grandes cantidades de acciones mediante un pequeño pago en efectivo, 10 del valor de las mismas, recibiendo de un corredor o de un banco un crédito por el saldo. La garantía del préstamo la constituía el valor de las acciones en el mercado, si negro ocurrió la gran quiebra. El día no comenzó muy felizmente. y terminó con una avalancha de órdenes para la venta de los valores, al precio que fuera. Nadie conoce los orígenes del pánico, pero en la desbandada que se produjo bajaron los precios, y los especuladores que habían comprado a crédito tuvieron que vender sus acciones, una tras otra, a fin de liquidar el dinero pedido para comprarlas. Antes de que terminará el día, se habían vendido casi 13 millones de acciones. Los precios se precipitaron; algunos valores descendieron hasta 75 puntos, lo que significaba una pérdida de 75. 000 dólares para quienes poseyeran 000 acciones, y de 750 para el pequeño inversionista que sólo tenía 10. El 28 de octubre ocurrieron bajas más radicales: La General Electric bajó 130 dólares por acción; la Westinghouse, 194, el First National City Bank, 500. Para fines de ese mes, los inversionistas habían perdido más de 40. 000 millones de dólares; al 13 de noviembre, el índice de valores industriales había bajado de 469 puntos a 220: más de la mitad.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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