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LA REPUBLICA. Domingo 19 de febrero de 1989. 13 PERSPECTIVAS DESARROLLO GLOBAL DE LA SOCIEDAD Desarrollo social DESARROLLO GLOBAL DE LA SOCIEDAD Historia política Jorge Salazar Solis Licenciado en Derecho, UCR; ex Gerente Banco Popular; Abogado y Notario Antonio López Escarré Ex Presidente de la Cámara de Comercio; empresario; analista de temas políticos y económicos.
Centenario de la democracia costanicense Meditaciones sobre la pobreza y la injusticia En este país de la paz, de la seguridad social, de grandes fortunas, ocurren cosas terribles que importan poco a los políticos y al pueblo partir del sufragio, y sólo como punto de partida, los derechos ciudadanos deben disfrutarse y someterse a prueba, pues sin ello la democracia se debilita.
mismo. E to.
Nel mes de diciembre celebramos las fiestas de Navidad, con arbolitos llenos de luces y colores. Nos olvidamos de las preocupaciones del acaecer cotidiano, para disfrutar con nuestras familias y nuestros amigos del regocijo cuajado de regalos. Algunos no quisieron que hubiera niños tristes, y la innata generosidad del costarricense se multiplicó en reparto de juguetes Mientras tanto, en un barrio del sur del Cantón Central de San José, al borde de la calle central, un niño jugaba el papel de protagonista, en una casucha miserable, cobijo permanente de la miseria y el dolor. Cuando la madre al despuntar las primeras horas del día se alzó sobre su lecho de trapos, en el suelo, para disponerse a salir a la calle a extender su mano de mendiga, el hijo, a su lado se hallaba muerto. Habla muerto a los ocho ahos: de hambre.
En realidad, este niño, no tuvo infancia, no conoció de alegrias, de consuelos, de juguetes. junto a la madre harapienta, descalza, malviviendo de la caridad pública. Una anciana casi ciega les brindó asilo. Dormían en el piso, se cubrian con pedazos de saco en las noches frias. En el rostro de aquel niño se notaban la enfermedad y la desnutrición. Su cuerpo era endeble y flaco.
Cuando la madre grito, corrieron los vecinos. Un médico examinó el cadáver. Dictamino que se trataba de muerte natural, si es que se puede llamar natural morir de hambre.
Me cuentan que el niño se encontraba tendido sobre los ladrillos, junto a las maderas podridas de la pared, con pelo ajado y marchito, los ojos muy abiertos, en vez de una sensación de paz, una compleja expresión, no se sabía si de estupor, de reproche, de imploración o desamparo.
En su cuento navideño, el escritor inglés Carl Dickens vistió de belleza y ternura la patética historia de la niña de los fósforos, imaginando gratas fantasias en la llamita fugaz de los cerillos. En este drama de los barrios del sur de la ciudad capital, el dolor no podia ser embellecido. Todo era miserable y duro; agobiaba como si cada uno de nosotros tuviera su parte de culpa, una porción en la responsabilidad colectiva. Porque esto pasa en el país de la paz, de la seguridad social, de grandes fortunas. Sucedió, no en un rancho escondido en un paraje aislado de Costa Rica, sino a unos pocos kilómetros del Parque Central de la ciudad de San José.
Cuánto se abusa de las enseñanzas de Jesús, de sus palabras, de su pensamiento. Donde su grandeza sólo se halla en el desprendimiento de los que algo tienen, pues recordemos que El nos enseñó a despreciar las riquezas para ser ricos.
Recuerdo en estos momentos una frase de José Marti: La pobreza es injusta. No puedo concebir que en una sociedad cristiana, los niños puedan morirse de hambre, en un clima de impasible egoismo y crueldad.
Este episodio, más importante que la querella de los políticos, donde amanecieron una anciana ciega, una madre y un niño muerto, debe despertar en nuestras intimas profundidades el amor hacia nuestros semejantes, sentimientos e ideas útiles, pues como dijo el poeta: No se siembra en los grandes caminos y no se planta en los torrentes.
UY próximos a cumplir 168 años de vida independiente, en pocos meses estaremos celebrando también cien años de vida democrática, lo que significa que durante un poco más de medio siglo buscamos el sistema que finalmente se ratificó en 1889, con una violenta manifestación popular que logró la primera victoria del pueblo: el respeto al voAntes de esa fecha nuestros gobiernos se habían caracterizado por una idilica sucesión familiar, una especie de dinastía con relativa poca violencia, que no fue sin embargo ajena a cuartelazos, golpes de estado e incluso fusilamientos, como el del prócer Juan Rafael Mora, el libertador de Centroamérica, que cayó abatido por fusiles que estaban entonces en los cuarteles de su cuñado, para decirlo en la forma más suave.
Es significativo que las dos más auténticas democracias del nuevo continente, separadas cronológicamente casi por un siglo exacto, correspondan la una a la nación más grande del mundo, las más rica y poderosa, y la otra a Costa Rica, una de las más pequeñas y de menores recursos económicos.
Eso prueba a los incrédulos, que no hay requisitos especiales, ni fórmulas secretas para llegar a lo que más se aproxima a la perfección, en condiciones en que la democracia es un estado en perpetuas vías de mejoramiento, cuyas instituciones deben someterse a prueba dia a día y que, a partir del sufragio, los derechos ciudadanos deben disfrutarse, someterse a prueba, porque en fin, la democracia se debilita si no se hace uso de ella.
Hace ya veinticuatro siglos que Pericles nos dejó como legado una definición de democracia, que tiene aún vigencia: Nuestro gobierno, afirmó, no está en manos de los pocos, sino en las de muchos.
Dos mil trescientos años después, en un escenario parecido, cuando en el aire era posible advertir el olor a la guerra, Lincoln afirmaba que el ideal democrático consistía en el afinamiento de un gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.
Costa Rica es la más vieja y estable democracia del mundo de habla hispana y debe ser para los costarricenses motivo de especial orgullo saberse dueños de una tradición centenaria, superada sólo, como señalé, por los Estados Unidos que celebrará en estos mismos meses del año que corre, el bicentenario del ascenso al poder de su primer Presidente.
Es así que una inmensa potencia como los Estados Unidos de Norteamérica y un pequeño país como el nuesy tro, que ni siquiera cuenta con un ejército, tienen muchas cosas en común, la más notable de todas es su devoción por los principios democráticos que han hecho posible la instauración de un sistema de vida estable, pero dinámico al mismo tiempo.
Aristóteles nos dejó definida en La Política. lo que él consideraba la base fundamental de las instituciones republicanas: El Trabajo de los legisladores de contribuir afirma el filósofo no es su única y principal tarea: la conservación de una constitución es lo que realmente importa. eso, en forma paralela parecen haber logrado realizar los dos pueblos a que me he referido.
Al contrario de los regímenes antidemocráticos, que abundan en ediciones corregidas y aumentadas de sus contribuciones, en Costa Rica hemos mantenido una prudencia ejemplar en la vigencia de una carta magna de derechos ciudadanos, cuyas reformas. mínimas han sido orientadas a enriquecer aquellos principios que garanticen el ejercicio de aquellas libertades que acrediten un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como señalara sobre un campo de dolor y de luto el gran mandatario mártir norteamericano.
Infortunadamente, la democracia no es contagiosa.
Doscientos años de democracia norteamericana y un siglo de la costarricense no parecen haber sido suficientes para que países de la misma geografía y de común historia, hayan seguido el mismo camino, que nos ubica como la excepción.
Por el contrario, de esos principios que tan enérgicamente hemos defendido, se aprovechan precisamente sus enemigos: aquí en nuestro país funcionan con absoluta libertad partidos que no vacilan en cantar alabanzas al totalitarismo, cuyos movimientos solo son posibles en el marco de una democracia, al contrario del ejemplo de las dictaduras totalitarias donde es imposible concebir el funcionamiento de un grupo auténticamente democrático.
Estamos arribando al siglo de democracia y lo hacey mos con la convicción de que en el futuro habremos de mejorarla. Podemos decir como Shakespeare: El pasado es solamente un prólogo.
DESARROLLO CULTURAL Literatura ¿Quién merece el castigo divino. Alicia Miranda Hevia Doctora en Literatura Latinoamericana, Universidad de Paris IIISorbonne Nouvelle; ha publicada novela y ensayo Este relato, sangriento, grotesco e irónico y su subsecuente epilogo, son como la realidad centroamericana, que todavía guarda muchas novelas como ésta. dificultad de referirse a una novela como CASTIGO DIVINO estriba en que su autor, Sergio Ramírez, es a la vez Vicepresidente de Nicaragua Por los tiempos que corren, el hecho en si es polémico; y muchos hallarán imposible separar al hombre de su obra, El mero hecho de referirse a la novela corre el riesgo de parecer subversivo a más de uno.
No obstante, echando mano del postulado de los lingüistas modernos, según el cual el enunciado literario tiene un valor intrinseco, en sl mismo, es posible instalarse en la autonomia relativa de CASTIGO DIVINO.
Esta es una novela muy centroamericana; no en la dimensión casi sacralizada de la tragedia, como UN DIA EN LA VIDA, de Manlio Argueta, sino porque muestra la irrupción de lo extraordinario en el manso fluir de los dias de la provincia.
Es motor de la novela un hecho real: la historia verdadera de Oliverio Castaneda y las muertes que surgieron a su paso en Guatemala, Costa Rica y Nicaragua, al ir madurando el siglo.
Oliverio Castañeda llega a León en 1931. Los sucesos que en su entorno acaecen despiertan sospecha. Surge un Maigrer criollo, el doctor Atanasio Salmerón.
Minuciosamente, el doctor acumula información y olfatea en las vidas privadas.
Sin embargo, el poder de las buenas familias de Leon, la fuerza de la Guardia Nacional y hasta el poderio de Somoza coartan a Salmerón, quien ve frustadas sus investigaciones.
Igual suerte corre el juez Mariano Fiallos, figura misma del abogado probo, para quien el proceso judicial que levanta a Castaneda es el caso más espinoso de su carrera.
La última y verdadera protagonista de CASTIGO DIVINO es la estrecha realidad provinciana, letárgica y cursi, con sus inofensivos rituales y venenosos chismes, con el deseo que arde bajo el peso de las convenciones, con pequenos placeres, como ir al cine, y grandes injusticias.
En esa perspectiva, la narración alcanza verdadera elegancia: Sentados los dos hasta altas horas de la madrugada en la soledad del corredor pertumado por los jazmineros del patio, en las mismas mecedoras de mimbre que las hermanas sollan sacar a la puerta en las tardes calurosas de León, Matilde lela a la luz de una lámpa de ledes y Oliverio escuchaba, empujandose lentamente con los pies paramecereetp. 75) la vez que alude a hechos reales a personajes históricos, el na.
rrador siembra el desconcierto con los orgbres de algunos personajes.
Tales el caso del Coronel Alberto Cana Escalante jete del Cuerpo de Investigación Nacional (p. 57. del Tnte. Wallace Stevens, responsable de los servicios de inteligencia de los Cue pos de Marina en León (p. 87. del eminente psiquiatra de la Universidad de Chile, el profesor Ariel Dortman (p. 93. de la propietaria de la Pension Barcelona en San José, Dona Carmen Naranjo, muy educada (p. 118. y de otros más.
El final de CASTIGO DIVINO, sangriento, grotesco e ironico, y el subsecuente epilogo, son como la realidad centroamericana, que todavia guarda muchas novelas como ésta.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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