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18 LA REPUBLICA. Miércoles 27 de Mayo de 1992 Editorial EDITORIAL APUNTES DE LALO ¿Una OEA reverdecida?
SIEMPRE HAY INCAUTOS QUE CAEN CON EL TIMO DEL AMOR DEJAME PONER MI MANO SOBRE TU CORAZÓN MUÑECO MI CORAZON ES TUYO, MI AMOR AL FINALIZAR LA XXII ASAMBLEA GENERAL DE LA OEA, LA COMUNIDAD HEMISFÉRICA NO PUEDE SINO OTEAR ESPERANZADA LA POSIBILIDAD DE QUE EL MAS IMPORTANTE FORO REGIONAL ASUMA UN NUEVO PAPEL EN EL DESARROLLO DEMOCRATICO DEL CONTINENTE. lalo 22 AL DIA Café y banano, auge y ruina Al café le debemos el habernos convertido, en la segunda mitad del siglo XIX, en una pequeña nación organizada que inició el sueño de educar a su pueblo y progresar. Al comenzar el siglo XX, el cultivo del banano reforzó ese proceso. RODRIGO FOURNIER Fuestro destino ha estado unido a las fluctuaciones cíclicas del mercado internacional de ambos productos.
Auge y ruina, prosperidad y depresión, han marcado el compás del desarrollo de nuestro país al unísono de los precios del café y del banano. La liberalización del mercado internacional ha hecho descender los precios del café a límites de ruina para los pequeños productores, El extremo contrario, el establecimiento de cuotas por parte del Mercado Común Europeo, cuya finalidad es beneficiar las exportaciones de banano de sus antiguas colonias en detrimento de los países productores de otros continentes, hará caer por los suelos un desarrollo que veíamos crecer llenos de esperanzas.
Cualesquiera de los dos sistemas puede ser un instrumento eficaz para aplastar al débil.
Dejemos de producir postres, era la receta de hace algunos años. Así nació otro sueño: el de la industrialización, un sueño que elevó el vuelo en las alas del Mercado Común Centroamericano. Ahora se busca otra orientación: el mundo.
La querida y admirada Europa, que tantas soluciones políticas nos ha querido imponer, entre ellas el sandinismo y el Parlamento Centroamericano, no debería escoger a las transnacionales de pretexto, para encubrir la ayuda a sus propias transnacionales. Hay que agotar todas las instancias para enderezar esta injusticia, como lo ha propuesto el presidente Calderón.
uguramos esto con el escepticismo propio de quienes miran con creciente preocupación un abismo cada vez más profundo entre la grandielocuencia de las declaraciones de la asamblea general y la dolorosa realidad política de nuestra América.
Coincidimos con los diplomáticos y analistas que han interpretado la Declaración de Nassau como un hito en la fase de renovación de la OEA. Hay en los textos emanados de la asamblea general una serie de elementos que, sumados al consenso de Cartagena de Indias y a la Declaración de Santiago de Chile, constituyen una ampliación y puesta al día de la doctrina del derecho americano.
Ninguna otra organización racional para no decir las propias Naciones Unidas, ha sido capaz de articular una serie tan contundente y novedosa de conceptos juridicos en torno a la defensa de la democracia, como los generados por la OEA en el último lustro. De crearse una COmunidad organizada de democracias en este continente, expresamente comprometida a defender y promover con nuevos y más poderosos instrumentos el pluralismo y los Derechos Humanos, se garantiaría que no vuelvan a producirse hechos tan deplorables como los acaecidos en Panamá, Haití o Perú.
Sin embargo sorprende que, junto a este acervo jurídico sin precedentes, la OEA termine su asamblea general con dos crisis irresueltas que cuestionan las premisas de aquel orden hemisférico exaltado, sin excepción, por los cancilleres en NaSsau.
No hay salida en Haití. No hay democracia en Perú. Podrá la OEA hacer efectivas en estos casos las declaraciones de principio con que el secretario Baena Soares ha clausurado el cónclave? La OEA continúa cautiva de la voluntad de los Estados miembros, en especial de México y los grandes países del Sur. Esto por cuanto dichos Estados se cuidan de que las reformas a la Carta que se producen en ciclos decenales, siempre precedidos de pe ríodos de gran euforia como el presente nunca lesionen su hegemonía ni pongan en peligro la capacidad de sus élites de ejercer una dominación sin las interferencias problemáticas de la sociedad civil.
Los hechos recientes comprueban que América Latina está lejos de haber alcanzado la estabilidad política necesaria para proclamar la irreversibilidad de la democracia. Peor aún, pareciera, más bien, que la democracia se ha convertido en la primera víctima de la modernización económica y el éxito del sacrosanto libre mercado. Desde la Tierra del Fuego hasta el Mar de Hudson, nunca antes en la segunda posguerra había tenido América tantos pobres en sus campos y ciudades. Nunca antes había existido una discrepancia tan evidente y profunda entre la retórica de los gobernantes, autodeclarados campeones de la democracia y el bienestar humano, y la atroz realidad de los grandes conglomerados sociales de este continente. Creemos, por lo tanto, no exagerar al afirmar que la democracia se ha desacreditado, no tanto por los valores que pregona como por la incapaLa República Jorge na cidad de los políticos de llevarlos a la práctica.
La OEA debe cuidarse de no profundizar esta incredulidad. Los próximos años serán cruciales para el futuro de la Organización. Pronto se producirá un desenlace en Cuba que requerirá del liderazgo, creatividad y autoridad de la OEA para que no se produzca allí un baño de sangre o una flagrante intervención que tire por la borda, como la guerra de las Malvinas hizo con el TIAR, el consenso hemisférico. Pero ese es tan sólo uno de varios casos que inevitablemente enfrentaremos y que demostrarán si la OEA ha reverdecido o si, por el contrario, continúa paralizada por su propia ineptitud y la falta de voluntad de sus miembros.
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